Con el creciente éxito de los negocios veganos, ¿debería cambiar el papel de los activistas?

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Una distinción que podemos establecer entre los tipos de iniciativas que están generando un cambio para los animales de granja, es la distinción entre iniciativas sin ánimo de lucro (básicamente activismo y defensa de los animales) e iniciativas con fines lucrativos (empresas). En este artículo planteo la pregunta sobre si, a la luz del increíble desarrollo del sector privado, deberíamos reconsiderar el papel de los activistas.

He formado parte del movimiento vegano/por los derechos de los animales durante unas dos décadas. Fundé una organización sin ánimo de lucro en 2000 y he visto la creación de muchas otras organizaciones. He visto pequeños grupos hacerse muy grandes y profesionales y, a veces, han llegado a contar con más de cien empleados remunerados y con un presupuesto de millones de dólares. Además, he presenciado el auge de organizaciones de activistas organizados como Anonymous for the Voiceless, DXE o Save Movement, a parte de decenas de miles de activistas y defensores de los animales que trabajan de forma individual.

Durante mucho tiempo pensé que la divulgación y el activismo que realizan estos grupos e individuos era, si no la única manera, por lo menos la más importante de impulsar el cambio a favor de los animales. Pensaba que toda la sensibilización sobre el sufrimiento de los animales que realizan mediante folletos, vídeos, páginas web, newsletters, redes sociales, conferencias, podcasts, manifestaciones, promoción, etc era prácticamente todo lo que existía. Y yo mismo nunca tuve muchas dudas sobre el hecho de que era posible cambiar las ideas y los sentimientos de suficientes personas.

Un terreno de juego cambiante
Durante todo este tiempo – de las dos a las cuatro últimas décadas, o algo así – hubo también iniciativas comerciales que vendían productos veganos que personas – veganas o no – compraban. Sin embargo, muchas de estas empresas eran tradicionalmente bastante pequeñas y no demasiado ambiciosas y, probablemente muchas de ellas creían que “lo pequeño es hermoso”. Alrededor de los últimos cinco años, en cambio, hemos presenciado un nuevo desarrollo en el mundo de los negocios:

  1. Mientras muchas de las antiguas y tradicionales empresas están creciendo más rápido que antes gracias al aumento de la demanda, muchas nuevas startups empiezan a distinguirse de las antiguas empresas al ser más ambiciosas, más modernas, más tecnológicas y, a menudo, al estar mejor financiadas. Piense en compañías como Just, Beyond Meat, Impossible Foods, por nombrar sólo las tres más famosas como ejemplos (estas son de los EE.UU., pero están en muchos países, en muchos tamaños…).
  2. Observamos un interés cada vez mayor en este sector por parte de los inversores. Por ejemplo, Impossible Foods ha recaudado alrededor de 4 mil millones de dólares hasta la fecha. La búsqueda de las mejores alternativas a los productos de origen animal está mejorando y obtiene más financiación. Lewis Bollard de Open Philantropy Project habla de 1,7 billones de dólares en financiación (de compañías que revelan sus fondos) provenientes de al menos 55 fondos que están invirtiendo en alternativas a los productos de origen animal.
  3. Junto a las viejas y a las nuevas empresas, vemos también a grandes empresas tradicionales productoras de alimentos no vegetales o incluso productores de carne que están introduciéndose en este terreno. Puede hacerlo de varias formas: desarrollando sus propias alternativas, adquiriendo otras empresas (como Danone, que compró a Alpro) o invirtiendo en otras empresas (como Tyson, que invirtió en Beyond Meat). En los Países Bajos estamos viendo las primeras empresas cárnicas que han anunciado que van a dejar de producir carne debido a que sus productos vegetales ¡ya son lo suficientemente rentables!

¿Es la hora de reconsiderar el papel de la defensa de los animales?
No creo que yo sea la única persona que se pregunta si, a la luz del boom comercial causado por las alternativas a los productos de origen animal, el papel de los movimientos de defensa de los animales (la parte sin ánimo de lucro) permanecerá igual o debería cambiar de alguna forma. Tampoco creo que yo sea la única persona que se pregunta cuál de las dos partes, activismo o empresa, marcarán una mayor diferencia a partir de ahora. He visto, para empezar, a mucha gente que ha dado el salto del activismo al emprendimiento, que han pasado de repartir panfletos a vender hamburguesas; activistas que han fundado organizaciones sin ánimo de lucro que están centrados principalmente en la participación empresarial (estoy pensando en el caso de Good Food Institute) y otras organizaciones sin ánimo de lucro que se van acercando más y más a las empresas para sensibilizarlas (Proveg International, por ejemplo). Algunas personas que se acaban de introducir en la causa se meten en negocios directamente, sin pasar por ningún tipo de etapa como activistas.
Personalmente, yo he formado parte de los movimientos por los derechos de los animales en organizaciones sin ánimo de lucro casi toda mi “carrera vegana” (EVA, Proveg International, CEVA), pero en este momento participo también en Kale United, una startup financiera que apoya a los negocios veganos con inversiones veganas.

Refuerzo mutuo
Lo que los defensores de los derechos de los animales y activistas hacen principalmente es intentar producir un cambio en la actitud de las personas hacia los animales. Lo que las empresas hacen, principalmente, es poner comida (y otros productos) en el mercado, en las estanterías de los supermercados, para que la gente los compre y para que les gusten. Los activistas suelen pensar: “si puedo hacer que entiendan lo que les pasa a los animales y por qué esto es importante, las personas cambiarán y comprarán esos productos”. Esto podría funcionar, pero sabemos que a menudo hay una enorme brecha entre un cambio de actitud y un cambio comportamental. He escrito muchas veces sobre cómo un cambio de actitud (hacia los animales y la carne) puede aparecer más fácilmente después de un cambio de comportamiento, es decir, después de que las personas hayan cambiado en cierta medida y por cualquier razón hacia productos vegetales. Si esto es cierto – y yo estoy convencido de ello – es fácil darse cuenta de la importancia que tiene, sencillamente, crear buenos productos veganos y hacer que estén disponibles en todas partes.

En el mejor de los casos podemos ver una especie de círculo virtuoso, gracias al que haya más gente que descubra deliciosa comida a base de plantas y que les resulte más fácil interesarse por los animales, y que luego consuman aún más productos de origen vegetal y que, al final, se hagan veganos. (Nótese como la mala comida vegana o el mal activismo pueden convertir este círculo virtuoso en un círculo vicioso).

Probablemente, solo un cambio de actitud o solo un cambio de comportamiento no son suficientes por sí mismos para crear un mundo mejor. Puede que las personas hagan lo correcto pero si tienen una actitud equivocada, hacer lo correcto puede no ser una posición permanente y puede que empiecen a hacer cosas equivocadas tan pronto como estas posibilidades se vuelvan más fáciles o más baratas. Al contrario, mucha gente tiene una actitud correcta hacia algo pero no hace lo correcto (estoy seguro de que tú mismo puedes encontrar muchos ejemplos).

Este es el motivo por el cual, idealmente, necesitamos ambos cambios: un cambio de actitud (el papel principal del activismo) y un cambio de comportamiento (el mayor efecto de las empresas). Podemos considerar que activismo y empresa se refuerzan mutuamente.

¿Dónde deberían centrarse las prioridades?
De todas formas, que el activismo y la empresa puedan apoyarse mutuamente no significa que necesariamente creen el mismo tipo de impacto. Mientras que, probablemente, ambas son necesarias, es posible que una tenga un impacto mayor que la otra o que el impacto cambie a medida que pasa el tiempo. Esta no es simplemente una pregunta académica o una competición entre emprendedores y activistas para ver quién mea más lejos. Percibir el impacto relativo que tiene cada una de las partes es importante para ayudarnos a tomar decisiones: adónde deberían ir nuestros recursos, qué carreras laborales deberían emprender las personas que quisieran ayudar a mejorar las vidas de los animales, etc.
Además, percibir el impacto de ambas partes, la que no tiene ánimo de lucro y la lucrativa, puede ayudarnos a entender cómo el activismo y los negocios deberían relacionarse entre sí, y a establecer posibles modelos nuevos para el activismo en el contexto de un impacto cada vez mayor de las empresas en este terreno.

Cambio de rumbo
No puedo evitar tener la sensación de que son los emprendedores quienes están haciendo una gran parte del trabajo que antes solían hacer principalmente los activistas. También puedo ver que en el futuro esta tendencia será aún mayor.
Asumamos, por un momento, que las empresas seguirán produciendo y vendiendo más productos veganos y que quizás la “carne limpia” salga a la venta y se convierta en un éxito. Asumamos que las empresas nos ayudarán a acercarnos cada vez más a un mundo vegano (y que llegaremos verdaderamente cerca) . ¿Qué deberían hacer los activistas –si es que deberían hacer algo– en un caso como este? ¿De qué forma podrían dar un cambio de rumbo a su enfoque? No estoy seguro sobre la respuesta, pero hay varias posibilidades (de entre las que aún no tengo claro cuáles serían las mejores).

  • Los activistas podrían centrarse más en apoyar a las empresas
    Para las personas acostumbradas a trabajar en el mundo de las organizaciones sin ánimo de lucro, esto podría parecerles el mundo al revés: ¿no son más bien las empresas, con sus fuentes de ingresos, las que deberían apoyar, patrocinar y donar a las organizaciones sin ánimo de lucro?
    Desde luego, pero en el otro sentido también funciona. Aparte de ayudar a crear conciencia y, en consecuencia, una mayor demanda, hay muchas cosas más que los activistas pueden hacer para las empresas y así aumentar las posibilidades de éxito (estamos suponiendo que el éxito financiero encaja con el impacto positivo para los animales). Algunas de las cosas que los activistas y, en particular, las organizaciones sin ánimo de lucro pueden hacer por las empresas –incluidas, sobre todo, las startups– son: trabajar para crear conciencia entre los miembros y patrocinadores de la marca y de sus productos, campañas de crowdfunding, ejercer presión para conseguir una legislación que apoye a las empresas veganas (o que desafíe a la industria cárnica), hacer de relaciones públicas y teniendo visibilidad en los medios de comunicación, litigar contra los infractores, hacer que la gente pruebe los productos en eventos, etcétera.
    Obviamente, las mismas empresas hacen muchas de esas cosas también, pero no lo hacen tanto si son empresas que están empezando. Además, podría haber problemas de credibilidad. Una empresa tiene una estrategia comercial mientras que una ONG a veces puede encontrarse en una situación más objetiva para ejercer presión.
  • Los activistas podrían hacerse a un lado
    Podríamos decidir creer en el círculo virtuoso de la oferta y la demanda, en el que una demanda creciente aporta una creciente oferta y así crece aún más la demanda al hacerse más fácil para todos cambiar en la dirección del veganismo. En este sentido, una vez superado un cierto punto, un mundo vegano o un mundo-cercano-al-veganismo podría llegar a ser algo casi inevitable. En ese caso, el activismo debería centrarse en reforzar esta tendencia, ya que acelerarla solo durante un mes supone una reducción masiva de sufrimiento.
  • Los activistas podrían centrarse en acortar las distancias
    Los productos de origen vegetal pueden convertirse en lo normal pero, como siempre seguirá habiendo cosas malas que son legales y lucrativas, puede que solo las empresas no puedan garantizar la abolición de todos los productos de origen animal. Así que un papel disponible para los activistas podría ser el de asegurarse que la misión se complete al 100% y que el estado de la cuestión alcance un estado sostenible. Respecto a esto, es importante que ayudemos a consolidar nuevas normas y prácticas en leyes y regulaciones para que sea mucho más difícil retroceder.
  • Los activistas podrían pedir justicia en otros ámbitos
    Muchos activistas están preocupados sobre el hecho de que el movimiento vegano esté siendo instrumentalizado e incorporado en el sistema capitalista. Hasta el momento, yo he sido menos anti-capitalista que muchos de mis compañeros activistas porque creo que no hay forma de evitar el sistema si lo que queremos es ayudar a los animales a corto plazo. Pero si nuestro proyecto tuviera un gran éxito y consiguiéramos reemplazar la mayoría de productos animales por productos vegetales, tendría sentido empezar a centrarse en los aspectos problemáticos del capitalismo (no quiero decir que centrarse en eso ahora sea inútil o vano en este momento).
    Entonces los activistas deberían asegurarse de que los productos veganos tienen una buena puntuación en el máximo de parámetros posible. Que un producto sea vegetal no es garantía de que sea justo en todo y estos productos pueden ser, además de socialmente injustos, poco sanos o perjudiciales para el medio ambiente, etc. Será necesario perfeccionar nuestros alimentos una vez que la mayor parte de ellos sean de origen vegetal. Esto no corresponde a las principales actividades de presión de los activistas por los derechos de los animales, así que este papel pueden interpretarlo (y, de hecho, lo están haciendo ya) otras organizaciones y movimientos. Obviamente, comida poco sana e insostenible desde el punto de vista ambiental existirá también en otros sistemas que no sean el capitalismo, pero es fácil darse cuenta de que el sistema actual apoya, o no penaliza, estas tendencias tan negativas.
  • Los activistas podrían centrarse en la sensibilización y el cambio de actitud
    Los activistas hacen lo que hacen por la causa en la que creen. Los emprendedores pueden sentirse motivados por las mismas causas pero, además, muchos de ellos están motivados también por las ganancias (esto se aplica aún más a los inversores, aunque parte de ellos puedan ser inversores de impacto). No considero que las motivaciones sean increíblemente importantes en este momento (para mí está bien si la gente hace lo correcto aunque no sea por las razones ideales), pero estoy de acuerdo con que, si queremos un cambio permanente donde el riesgo de retroceso sea mínimo, lo ideal sería que todos se preocuparan por los animales. Estoy convencido de que, una vez que nuestra sociedad se base principalmente en productos vegetales por cualquier razón, entonces será más fácil reconocer que los animales tienen intereses e instaurar regulaciones que los protejan para que no haya forma de volver atrás. Sin duda habrá lugar para generar conciencia sobre este argumento.
  • Veganos y activistas podrían plantearse invertir en lugar de donar, y gastar su tiempo ganando dinero en lugar de pasarlo haciendo activismo.
    Contrariamente a lo que sucede cuando donamos a una organización sin ánimo de lucro, invertir en una empresa puede producir un rendimiento financiero y, como algunas empresas están haciendo grandes cosas por los animales, uno puede argumentar que invertir es una opción mejor que donar –obviamente si luego uno dona el rendimiento de la inversión–. Dada la gran cantidad de dinero que se está invirtiendo en el sector privado y en las empresas que están entrando en él, sin embargo, se puede discutir que en este momento lo que marca más la diferencia es donar en lugar de invertir; un razonamiento que también planteó Lewis Bollard en la newsletter mencionada anteriormente.

Algunas ideas preliminares a la conclusión
La parte de los activistas y la de las empresas se necesitan la una a la otra. Podemos suponer (aunque no podemos estar seguros de ello) que los activistas veganos/por los derechos de los animales han ayudado con sus esfuerzos a aumentar la demanda de alternativas a la carne y a la leche (aunque las encuestas reflejan que la preocupación por los derechos de los animales aún se clasifica en una posición muy baja entre las motivaciones de los consumidores para comprar alternativas vegetales a la carne), y así han ayudado a abrir un mercado a las empresas. A su vez, cuando los activistas por los derechos de los animales y las organizaciones veganas hacen activismo contra los productos de origen animal tienen que poder presentar alternativas. Cuanto más disponibilidad haya y cuanto mejor sean, más eficaz y convincente será el activismo. Así que se establece una relación de refuerzo mutuo.

Siempre habrá necesidad de activismo. El activismo tiene el fin principal de hacer que la gente cambie de actitud. Aún y así, cambiar de actitud no es suficiente, ya que en nuestro mundo casi todos estamos de acuerdo en que algo es malo y, sin embargo, esas cosas malas siguen sucediendo. Necesitamos un cambio de mentalidad y alternativas fácilmente accesibles: aquí es donde entran en juego las empresas.

A la luz de la creciente función que están desarrollando las empresas, quizás deberíamos empezar a pensar en los posibles cambios en el papel y en las formas del activismo en el futuro. No tengo las respuestas a estas preguntas pero estoy bastante seguro de que la relación entre activismo y empresa debería ser, en este momento, principalmente colaborativa y de apoyo más que de enfrentamiento.

Traducido por Laura Morales

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