Cuando los productores de carne se suben al carro de los productos veganos: una entrevista a Imperial Meat Products

“Al ser una marca conocida, podemos atraer a los clientes que compran nuestros productos cárnicos para que compren nuestros productos sin carne”

Era prácticamente inimaginable hace tan solo un par de años, pero hoy en día cada vez más productores de carne empiezan a apostar por las alternativas vegetales.
Imperial Meat Products, conocida con el nombre comercial “Aoste”, es parte del grupo Campofrío y, con una participación de mercado del 18%, es uno de los actores más importantes en el campo de la carne procesada en toda Europa. He hablado con el Director General Remco Kok y con el director de márketing e innovación Thomas De Boes, en su sede central cerca de Gante, Bélgica.

Explicadme cuáles son vuestros planes en el departamento libre de carne.
Nuestro objetivo es obtener el 50% de nuestro volumen de ventas de los productos cárnicos y el otro 50% de los productos libres de carne para el 2025. Nos consideramos a nosotros mismos como una empresa de carniceros y artesanos, pero nuestro lado artesanal no tiene que estar necesariamente ligado a la carne como ingrediente, así que hemos empezado a buscar alternativas. Cualquiera que sea el tipo de carne que sigamos vendiendo, tenemos que creer en nosotros mismos.

¿Cuáles de vuestros productos sin carne se pueden comprar ya?
Hemos lanzado embutido vegetariano y untables veganos y pronto lanzaremos también hamburguesas. También estamos trabajando en productos híbridos o mixtos. Las salchichas son una categoría importante para nosotros y es perfectamente posible producir salchichas que contengan solo un 70% de carne y un 30% de vegetales e intentamos hacer lo mismo con otros productos cárnicos. Por ejemplo, hemos desarrollado un filete de pollo con más de un 30% de vegetales. Aún no estamos seguros de cómo trabajar con esto: ¿es algo que debemos comunicar al consumidor, como una ventaja, o es mejor no mencionarlo? ¿Creamos productos con trozos visibles de verdura o lo hacemos de manera que el consumidor no se dé cuenta? Todo esto depende, obviamente, de lo que los clientes valoren.

¿Por qué y cómo empezasteis a pensar en invertir en productos sin carne?
Hace dos años, junto a nuestros compañeros de los Países Bajos y Luxemburgo, realizamos un ejercicio estratégico para ver en qué punto se encontraba nuestra empresa. Hemos trabajado en Bélgica durante 60 años y más de 160 años con nuestra marca holandesa Segeman. Nuestro eslogan es “más atención, más placer”: queremos prestar atención a todo lo que hacemos para que el consumidor pueda disfrutar de nuestros productos al máximo. Pero hoy en día no puedes prestar atención solo a los productos o a los clientes a expensas del planeta. Al plantearnos esto, llegamos a nuevos objetivos que nosotros llamamos 0-50-100. El 50 se refiere a un 50% de carne y un 50% de verduras. El cero se refiere al porcentaje de residuos: no queremos tener ningún desperdicio, ni de comida ni de energía (en consecuencia, hemos invertido en un parque de paneles solares). El 100 se refiere a un 100% de transparencia. En nuestro sector suceden muchas cosas entre bambalinas, pero esto no se ajusta a nuestra perspectiva o al mundo en el que vivimos. Por eso, nuestro objetivo es ser totalmente transparentes en todo lo que hacemos.

¿Podría llegarse al punto de instalar cámaras de vídeo en los mataderos, por ejemplo?
Por el momento no es algo que nosotros hacemos, pero creo que deberíamos ir en esa dirección…

Sede central de Imperial Meat Products cerca de Gante, Bélgica

¿Podéis decirnos algo sobre los resultados de las ventas hasta el momento de vuestros productos sin carne?
Por ahora los resultados son ampliamente positivos. Los productos se mantienen en los estantes de los supermercados y los distribuidores quieren darles aún más espacio. Pero por el momento no podemos decir que las masas los estén comprando, así que tenemos que ver cómo podemos dar más visibilidad a nuestros productos.

¿Y eso cómo se consigue?
La gente conoce nuestra marca y ese es un elemento que podemos aprovechar. Tenemos que atraer a los clientes que ya compran nuestros productos cárnicos para que compren nuestros productos sin carne. Tenemos una campaña, por ejemplo, con la que obtienes un producto sin carne gratis con cada producto cárnico que compres. O un cupón para un producto vegetal en el envase de uno de nuestros productos tradicionales. También es interesante ver que podemos ofrecer nuestra gama sin carne a los muchos carniceros con los que tratamos. Y, por supuesto, tenemos mayor capacidad que las empresas pequeñas para invertir en el márketing de estos productos. Hemos hecho anuncios publicitarios en televisión para nuestros productos vegetales y hay un puesto de comida ambulante donde venden solamente estos productos. Recientemente hemos dado 3500 degustaciones en un evento estudiantil.

¿Os gustaría vender algún día vuestros productos vegetales en la sección de la carne del supermercado?
Eso sería fantástico, y creo que es algo que está por llegar; es solo cuestión de tiempo. Pero tiene que haber suficiente gente que quiera esos productos. Mira los productos ecológicos: antes solían estar en una sección diferente del supermercado y ahora están por todas partes, entre los otros productos.

El hecho de que unos productores de carne se suban al carro de los productos vegetales puede parecer algo sospechoso a los ojos de muchos vegetarianos y veganos. Uno de sus argumentos podría ser que la empresa podría reinvertir los beneficios de los productos sin carne en el departamento cárnico, así que cualquier persona que compra el producto sin carne estaría contribuyendo a más sufrimiento animal sin querer.
Es más bien al contrario: por el momento estamos invirtiendo más en el sector sin carne; invertimos más que los beneficios que produce. Así que parte de los beneficios de la carne van al desarrollo del sector libre de carne. Necesitaremos obtener beneficios en el futuro, por supuesto, ya que de otra forma sería insostenible. Pero no tenemos un compromiso con la carne: nosotros ya no somos una empresa cárnica, somos una empresa de alimentación. Probablemente cambiaremos el nombre Imperial Meat Products en algún momento. En el futuro, lo que queremos conseguir es que cualquiera que compre nuestros productos invierta en la difusión de los productos libres de carne.

Hace unos cuatro años vuestra empresa tenía un anuncio de televisión que se mofaba de los vegetarianos. ¿Qué te parece al volver la vista atrás?
Te sonará a excusa barata, pero yo no era el CEO entonces y no apoyaba esa campaña. De todas formas, cuando veo lo que está pasando ahora en la empresa… el cambio es estructural, esencial, y estoy seguro de que la persona que vendrá detrás de mí no será capaz de dar marcha atrás. Ya no se puede.

¿Tenéis algún punto fuerte en la producción de productos vegetales que otras empresas más pequeñas y tradicionales de productos vegetales no tienen?
Creo que sí. En sí misma, nuestra magnitud es un punto fuerte. Podemos invertir en I+D a mayor escala. Podemos usar nuestros equipos para producir alimentos sin carne. Podemos hacer muchas pruebas. Tenemos una amplia experiencia trabajando con ingredientes, ya sean de origen animal o vegetal. Nuestra experiencia va desde el uso de máquinas hasta conocimiento sobre bacterias, etc.

¿Los alimentos sin carne podrían llegar a ser aún más rentables que los cárnicos con el tiempo?
Hoy en día la carne se vende demasiado barata. Se ha convertido en una mercancía y la comida -desde luego comida originada con seres vivos – no debería ser nunca una mercancía. Es difícil prever cómo irán las cosas. En nuestro caso, aún tenemos muchísimos costes e inversiones y aún tenemos que dar más a conocer este tipo de alimentos. Pero si pudiéramos producir un volumen mayor sí sería más rentable. Sobre todo si aumentara el precio de la carne.

“La comida -desde luego comida originada con seres vivos- no debería ser nunca una mercancía.”

¿Cuál es vuestro mayor desafío?
La demanda. El consumidor se enfurece por todo tipo de cosas, pero con mucha frecuencia mantiene el mismo comportamiento cuando compra. Hay un montón de bombo en lo que se refiere a las ventas de alimentos sin carne, pero también oímos otras cosas. Por ejemplo, durante la reciente “semana sin carne” en los Países Bajos también aumentaron las ventas de productos cárnicos junto a las ventas de los productos sin carne. La ONG holandesa Wakker Dier realizó campañas radiofónicas contra las tiendas donde venden carne a bajo precio, pero no está claro si están funcionando: quizás muchos de los consumidores que oyen esos anuncios se enteran de los precios bajos de la carne y van a comprarla. Lo que yo creo es que tenemos que trabajar juntos, con nuestros compañeros y partes interesadas, porque nosotros solos no seremos capaces de empujar a los consumidores hacia otra dirección.

Supón que llegados a un cierto punto tengáis claro que los productos de origen animal están en declive…¿vuestra empresa sería capaz de adaptarse?
Nosotros nos tenemos que adaptar todo el tiempo igualmente; necesitamos actualizar nuestra maquinaria, por ejemplo. Y sí, tenemos que estar siempre al día sobre los nuevos acontecimientos y tenemos que estar al tanto de todo. Pero estoy bastante seguro de que en este caso estamos al pie del cañón: no es tan difícil para una empresa cárnica, de todos modos. En buena medida somos independientes de los recursos; lo que hacemos con derivados animales lo podemos hacer también con productos vegetales. Para los mataderos, por ejemplo, obviamente es más difícil adaptarse.

“En buena medida somos independientes de los recursos; lo que hacemos con derivados animales lo podemos hacer también con productos vegetales.”

Así que con carne o sin ella, ¿realmente no importa? ¿Ninguno de vosotros tiene un vínculo emocional con los productos cárnicos?
No, no hay diferencia. Por lo menos no para mí. En la fábrica es posible que haya compañeros que estén muy involucrados concretamente en el asunto de la carne. Pero de todos modos, al final lo que ellos quieren es hacer buenos productos y hemos tenido muchas respuestas positivas desde dentro también. Nuestros desarrolladores de productos están muy orgullosos de poder hacer productos totalmente vegetales: lo ven como un desafío mayor.

Usar un producto cárnico para ofrecer un cupón para un producto vegano (arriba a la izquierda)

Concretamente, dos marcas holandesas productoras de carne (Bobeldijk y Enkco) han anunciado recientemente que van a poner fin a su producción cárnica o a vender ese departamento y que, a partir de ahora, se dedicarán solo a los productos vegetales. ¿Podéis imaginar a vuestra empresa tomando esa dirección?
Creo que, por el momento, es mejor hacer ambos productos. Si nos concentráramos ahora mismo solo en el producto sin carne nos convertiríamos en un agente menor con menos influencia. Empresas como las que has mencionado tienen mucho menos impacto en el mercado que nosotros. Si nos hiciéramos pequeños, dejaríamos a medias aspectos que podrían ser útiles. Tendríamos menos poder financiero, menor influencia como marca y también menos poder comunicativo. Reduciríamos nuestra logística y nuestra experiencia…Por el momento,y debido a que vendemos carne, atraemos a los consumidores de carne hacia nuestros productos sin carne gracias a nuestros productos cárnicos. Además, como empresa cárnica, estamos en constante diálogo con el resto del sector. Estamos presentes en todo tipo de plataformas donde podemos ejercer influencia y no sería positivo tener que dejarlas en este momento.

¿Qué creéis que traerá el futuro?
Está claro que la sociedad está lista para el cambio. Estamos abandonando un mundo en el que la carne se consumía a diario. Cuánto nos vamos a alejar de ello depende de los consumidores. Quizás la carne no desaparecerá por completo, pero la carne que se consuma será más amable con los animales y con el medioambiente. También contamos con la carne cultivada, cuyo desarrollo estamos siguiendo de cerca.

Tres ideas para que las personas que se resisten a probar la comida vegana lo hagan

Si miramos los indicadores de éxito o los parámetros para medirlo que el movimiento vegano puede usar, uno que puede ser fundamental es el siguiente:

¿A cuánta gente le hemos dado la oportunidad de probar una deliciosa comida vegana?

Cuando la gente se hace a la idea de que la comida vegana puede estar rica, hay muchas más probabilidades de que estén más abiertos a argumentos a favor del veganismo o a la idea de que los animales de ganadería importan (he escrito sobre esto en muchas ocasiones).

Por supuesto, mucha gente – vegana y no vegana por igual – compra productos veganos en los supermercados o prueba platos veganos en los restaurantes (o en casa) cada día. Sin embargo, a lo que me refiero es a llegar a las personas que no están inclinadas a hacerlo por sí mismas: personas que tienen prejuicios hacia la comida vegana (que es aburrida, insípida, difícil de preparar, etc). Dado que no están dispuestas a gastar dinero en productos o platos veganos, ¿qué podemos hacer para que algo vegano llegue a sus platos?

Una forma de hacerlo es lo que he llamado en otras ocasiones “veganismo sigiloso” y que consiste en, simplemente, no mencionar que un producto, un plato o incluso un restaurante es vegano para evitar el prejuicio. Pero vamos a ver otras opciones.

Ofrecerle a la gente un bocado de algo vegano es, obviamente, más complicado desde el punto de vista logístico que darles un panfleto, mandar un correo electrónico o hacer que vean un vídeo de un minuto (las formas más habituales de sensibilización que usan los activistas veganos). Se necesita invertir en la comida, ir a buscarla, prepararla, servirla (y luego, idealmente, hacer un seguimiento para calcular de forma estimada el impacto y ayudarles a dar los siguientes pasos). No podemos forzar a nadie para que coma algo que no quiere, pero sí hay varias maneras en las que podemos acortar las distancias entre un cliente reacio y una (deliciosa) degustación vegana.

Si lo miramos desde el punto de vista de la logística, la forma más fácil, por supuesto, sería que los productores ofrecieran muestras de sus productos en lugares públicos donde mucha gente va a comprar o a comer. Esto podría tener lugar en una feria, un lugar concurrido de la ciudad o en los mismos supermercados y restaurantes. Un productor (o una tienda) quiere dar a conocer sus productos tanto como sea posible, por eso tiene sentido que los den a probar al máximo de personas posible, confiando en que una degustación llevará a un mayor número de ventas.

Todo esto es muy evidente, así que a continuación os doy un par de ideas menos obvias para hacer que personas que se resisten a probar algo vegano lo hagan.

1. En cafeterías o cantinas: repartir muestras de platos veganos que luego puedes pedir
Recientemente me han hablado sobre una estrategia que me parece especialmente eficaz: repartir muestras de comida. Imagina una cafetería o una cantina de una empresa (u otro tipo de restaurante), donde los clientes tienen la posibilidad de poner un plato vegano en su bandeja, en lugar de un plato de carne (cada día o algunos días específicos). Por definición, las ventas de los platos de carne serían más altas que las del plato vegano. Pero si hubiera gente repartiendo muestras del plato vegano (o de la alternativa vegana a uno de los platos de carne, por ejemplo, nuggets veganos) en la entrada de la cafetería mientras los clientes esperan en la cola, el porcentaje de platos veganos vendidos podría aumentar drásticamente. La persona que me lo contó (el representante de una empresa que produce alternativas vegetales) me dijo que hasta la mitad de los clientes eligió el plato vegano.
Los activistas veganos podrían llevar a cabo este trabajo de distribución, pero también podrían ocuparse de ello las mismas empresas de catering. Lo bueno es que si una o dos grandes empresas de catering lanzaran campañas de este tipo, podrían cubrir estructuralmente una gran parte de la población. Podría realizarse en escuelas y en comedores de empresas. A nivel meta, las organizaciones veganas ejercerían presión sobre las empresas de catering para que emprendieran este tipo de iniciativas, y quizás ofrecer una campaña dentro de un marco contextual como el Lunes Sin Carne o un día de la semana o del mes sin carne podría llegar a tener bastante impacto, especialmente si hablamos de empresas muy grandes.

Promociones de “marcas mixtas”
Lo que yo llamo “marcas mixtas” son esas marcas o empresas que tienen una gama de productos cárnicos y una gama de productos vegetales al mismo tiempo. Estas empresas disponen de algunos medios para convencer a sus propios consumidores – que ya están familiarizados con la marca – para que prueben sus nuevos productos vegetales. He visto casos en los que en el envase del producto cárnico viene un anuncio de la versión vegetal que puedes ver cuando abres la tapa en casa, como en este ejemplo de la marca alemana Rügenwalder.

Pero hay otras posibilidades como, por ejemplo, estas (perdón por los dibujos torpes y esquemáticos):

Figura izquierda: Prueba gratis nuestra versión vegana
Figura central: Si compras nuestra versión con carne, te llevas la vegana gratis
Figura derecha: Albóndigas mezcladas: de carne y veganas

Obviamente estas ideas pueden requerir algunos esfuerzos logísticos y es evidente que no van dirigidas a los veganos, pero creo que tienen un gran potencial para ganarse a los clientes reacios por donde importa: por el estómago.

Quizás las empresas tengan muy buenas razones para probar estas tácticas, ya que es cada vez más importante para ellos ganar terreno en el mercado vegano. Una motivación extra puede ser que en algunos casos podrían obtener un margen de beneficio mayor con los productos veganos.

Además, consideremos el valor añadido de una gran empresa de confianza. Si las personas que comen carne ven una versión vegetal de un producto que ellos ya conocen y en el que confían, sería más probable que lo compraran que si se tratase de un producto de una marca que nunca antes hubiesen visto. Un gráfico realizado por la empresa de estudios de mercado GFK que he visto recientemente (y que no cuelgo aquí por razones de propiedad intelectual), mostraba la penetración en el mercado (es decir, cuánta gente ha probado realmente el producto) del embutido vegetal en Alemania. Si se trataba de la versión vegetal de una conocida marca de carne, representaba no menos del 48% mientras que para una conocida marca de productos vegetales suponía el mero…¡2%!

3. Activistas veganos como una tropa de repartidores de comida para degustar
Hay muchos activistas veganos en las calles que divulgan mensajes éticos a los transeúntes mediante vídeos, folletos y conversaciones. Esto está muy bien, pero creo que estas interacciones podrían ser más potentes si hubiera un componente de degustación de comida. Un nugget vegano (probablemente uno de los productos salados más fáciles de repartir) puede suponer un buen inicio para entablar conversación, puede hacer que la gente se ponga mucho menos a la defensiva al hablar de sufrimiento animal (al darse cuenta de que no tienen mucho que perder), etc.
Creo que en relación con el movimiento de protección de los animales, hay posibilidades de organizar degustaciones a una escala mucho mayor de lo que se hace hoy en día. Potencialmente, podríamos estar dando decenas de miles de muestras cada día, en la calle, en los festivales y mercados, se trate o no de una ocasión especial.

Kane Rogers y Mei Wong, dos activistas australianas llevan a cabo la campaña “The food you chose” (“La comida que eliges”) en Melbourne. Esta campaña se basa fundamentalmente en intentar que más personas prueben comida vegana. Kane y Mei tienen bastante experiencia ofreciendo degustaciones a los transeúntes y les he pedido que me den sus mejores consejos para dar buenas degustaciones. Esto es lo que me sugirieron:

No les digas que es vegano… al principio
Como ponerle la etiqueta de “vegano” a un producto parece que por ahora sigue siendo algo poco atractivo para muchos, es mejor no hablar sobre ello en un primer momento. Algunas alternativas sobre lo que se puede poner en los carteles podría ser “Comida sostenible gratis”, o “Comida sin colesterol”. Adáptalo a tu público.
Una vez que las personas hayan probado la comida, deberías preguntarles qué les parece. Es importante captar su reacción antes de que puedan cambiar de idea.

Desvela el gran secreto
Informa a la persona en cuestión de que lo que acaban de comer es un producto 100% vegetal. A la gente no le gusta sentirse engañada, así que asegúrate de no hacer que se sientan como si fueran estúpidos o como si hubieran sido manipulados. Una opción es la de preguntarle a la gente: “¿de qué crees que está hecho?”
Algunos pueden mostrarse muy sorprendidos, así que lo mejor es decirles que la mayoría de la gente no nota la diferencia. Esto evitará que se sientan irritados y reforzará la idea de que los alimentos veganos pueden estar tan buenos como la “comida normal”.

Díles dónde lo pueden comprar
Si realmente quieres hacer todo lo posible por los animales o el planeta, es importante ayudar a la gente a que ellos mismos compren ese producto. ¡Mantén tu atención en el objetivo! No estás hablando sobre los beneficios del veganismo en general o sobre el por qué de llevar una dieta 100% vegetal en general (a menos que alguien pregunte, claro). Céntrate en este fantástico producto y en por qué deberían comprarlo. Para mucha gente, esta puede que sea su primera experiencia de un producto vegano. Es muy importante transmitir felicidad y positividad en este momento para que se queden con un buen recuerdo. Si a la persona en cuestión no le gusta el producto o siente un fuerte rechazo sobre la comida vegana o el veganismo en general, que así sea: no intentes convencerle. Esperemos que cambie de idea por sí mismo, a su debido tiempo.

Hay un gran potencial para crear alianzas estructurales entre los productores de estos alimentos y el movimiento vegano, donde este último podría convertirse en un socio estructural para los productores, y posiblemente incluso ser remunerados por los servicios de degustación. ¡Imagina cuántos nuggets veganos podrían distribuir grupos como Anonymous for the Voiceless con cientos de capítulos por todo el mundo!

¿Tienes otras ideas para acortar las distancias entre la comida vegana y las personas que se resisten a probarla? ¡Házmelo saber en los comentarios!

¿Por qué la mayoría de gente come carne?

En la década de los 50, el psicólogo estadounidense Solomon Asch reclutó a un grupo de participantes en Swarthmore College (Estados Unidos) para un famoso experimento*. Les dijo que estaba realizando un estudio sobre la percepción pero, en realidad, el estudio trataba sobre el conformismo y la presión social. Asch mostró a los participantes un set de imágenes como la siguiente.

Cada vez que enseñaba una imagen como esta, Asch preguntaba a los participantes cuál de las barras de la derecha medía lo mismo que la barra de la izquierda. Los participantes tenían que responder en voz alta en grupo. Sin embargo, Asch se aseguró de que todos los miembros del grupo excepto uno fueran conspiradores, a quienes él les había pedido que dieran una misma respuesta errónea. El único participante real, sin sospechar nada, tenía que responder después de los demás. Para su sorpresa, Asch descubrió que un alarmante número de participantes en esta situación dio también una respuesta equivocada. Esto le llevó a la conclusión de que “la tendencia al conformismo en nuestra sociedad es tan fuerte que gente relativamente inteligente y jóvenes bienintencionados están dispuestos a decir que lo negro es blanco.” En algunos casos, el motivo por el que la gente dio una respuesta claramente incorrecta fue porque pensaron que el grupo tenía razón. En otros casos, aparentemente los entrevistados tenían miedo de mostrarse diferentes de los demás o no querían causar problemas.

No es difícil extrapolar estos resultados a nuestro propio tema. Creo que es seguro suponer que, en el fondo, mucha gente siente que algo anda mal con respecto a lo que comen. Quizá piensen que no pasa nada por matar animales para comerlos pero piensen también que esos animales deberían, por lo menos, vivir “en buenas condiciones”. O quizá piensen que no vale la pena matar animales para comerlos. Pero cuando estas personas ven constantemente en su alrededor que comer carne (o productos de origen animal) es considerado normal, es difícil incluso que confíen en esa sensación de inconformidad que es posible que tengan y, de esta manera, se vuelve mucho más difícil pensar que está pasando algo realmente grave. Incluso un vegetariano o un vegano, una persona que ha internalizado realmente el principio de que no está bien comer productos de origen animale, puede tener esos pequeños momentos de duda y de cuestionarse si ve las cosas como realmente son. El escritor sudafricano y premio Nobel, J.M. Coetzee atribuye las siguientes reflexiones a su personaje vegetariano Elisabeth Costello:

“El hecho es que yo ya no sé en qué punto estoy. Creo que me muevo bien entre otras personas, que tengo relaciones perfectamente normales con ellos. ¿Es posible – me pregunto – que todos los otros sean partícipes de un crimen de dimensiones tan asombrosas? ¿Me lo estaré imaginando todo? ¡Debo de estar loca! Y, sin embargo, veo las pruebas todos los días. La misma gente de la que sospecho produce las pruebas, las exhibe, me las ofrece. Cadáveres. Fragmentos de cadáveres que han comprado a cambio de dinero. (…) Así que no estoy soñando. Te miro a los ojos, miro a los ojos a Norma, a los niños, y veo solo bondad, bondad humana. Tranquilízate, me digo, estás haciendo una montaña de un grano de arena. La vida es así. Todo el mundo acepta las condiciones que la vida impone, ¿por qué tú no puedes hacerlo? ¿Por qué tú no puedes?”

En parte se debe a que aún hay una pequeña minoría de gente creando problemas sobre el hecho de comer carne o actuando de forma distinta; la mayoría de la gente no suele pararse a reflexionar de forma consciente sobre el hecho de comer carne como un problema moral. Según el psicólogo Steven Pinker, una de las conclusiones más importantes de la edad de oro de la psicología social es que “las personas siguen el ejemplo de los demás en lo que a su comportamiento se refiere”. Para responder a la pregunta de por qué la mayoría de la gente come carne, la respuesta que a menudo podemos dar es: “la mayoría de la gente come carne porque la mayoría de la gente come carne”.

He ahí la importancia de la masa crítica. El cambio necesita números y nosotros necesitamos suficiente gente que manifieste sus dudas, que muestre su preocupación, que no participe, que coma de forma diferente para que los otros dejen de tener la idea de que la carne es normal, natural y necesaria.

¡Enhorabuena a todos los que no tenéis miedo de pensar de forma diferente y de distinguiros entre la multitud!

*Mira este vídeo para saber más sobre el experimento de Asch.

Traducción de Laura Morales

Poner en evidencia a los veganos perjudica a los animales

Este es un artículo de la escritora invitada Dra. Melanie Joy, autora de Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas: una introducción al carnismo y psicóloga licenciada en Harvard. En este artículo explica lo que ella considera un problema de vital importancia en nuestro movimiento: que algunos veganos pongan en evidencia a otros veganos. Se trata de una lectura extensa, así que relájate y tómate tu tiempo para digerir los importantes temas que pone sobre la mesa.

Dra. Melanie Joy

Durante una reciente conferencia para activistas defensores de los derechos de los animales, tuvo lugar un incidente que me perturbó e hizo que sintiera preocupación por nuestro movimiento. Uno de los conferenciantes, activista vegano desde hace años, estaba impartiendo una presentación acerca del activismo efectivo frente a una audiencia de aproximadamente 300 personas cuando, repentinamente, dos activistas irrumpieron corriendo en el escenario. Uno de ellos llevaba una gallina muerta en las manos, y el otro sostenía un cartel que decía que la organización del ponente era corrupta. El activista de la gallina agarró un micrófono y procedió a explicar por qué pensaba que el orador era un hipócrita, responsable de un amplio sufrimiento animal y por qué creía que la organización del orador (vegana) en realidad se beneficia de la explotación animal. (Independientemente del hecho de que aquella organización en cuestión tiene un amplio historial de promoción del veganismo, su política principal a veces suscita las críticas de los grupos más radicales*).  Los siguientes cuarenta minutos se dedicaron a un debate «improvisado» en el cual el orador —un apasionado vegano que ha dedicado su vida a reducir el sufrimiento de los animales— se vio obligado a explicar que de hecho sí se preocupa de los animales, en lugar de terminar con su presentación, que había ideado para ayudar a los activistas a salvar animales de una forma más efectiva.

Durante todo ese tiempo, los asistentes vitoreaban y aplaudían después de cada apasionada pregunta del activista acusador, o bien aplaudían después de que el orador consiguiera defenderse con éxito, tanto a sí mismo como a su organización. En determinado momento se ofreció a los miembros del público la oportunidad de participar y, aunque muchos estaban a favor de la posición del orador, varias personas cogieron el relevo y continuaron con lo que claramente era una auténtica inquisición. Y esta dinámica continuó al día siguiente, cuando se retomó el debate. A nadie parecía preocuparle lo más mínimo que una persona que había dedicado mucho y tiempo energía a preparar y ofrecer una charla, viera su presentación saboteada. Y tampoco que un ser humano, vegano comprometido, fuera objeto de lo que yo solo podía percibir como un intento de ponerle en evidencia públicamente.

Vergüenza

«Se presupone que el movimiento vegano debe actuar como contrapartida a las actitudes que provocan sufrimiento en lugar de aliviarlo»

Por desgracia, poner en evidencia a los demás es un comportamiento social muy extendido que no termina nunca porque es demasiado corriente como para prestarle atención. Y poner en evidencia públicamente a otros es un espectáculo cada vez más popular, que recuerda a los Juegos de la Antigüedad y que sin duda es incluso más perjudicial. De modo que, aceptar y celebrar los comportamientos que menosprecian o ponen en evidencia a otras personas no es algo exclusivo del movimiento vegano. Sin embargo, se presupone que el movimiento vegano debe actuar como contrapartida a las actitudes que provocan sufrimiento en lugar de aliviarlo. Está claro que, el hecho de que un comportamiento injusto sea socialmente aceptable no es excusa para que lo adoptemos sin cuestionarlo.

Ponemos en evidencia a los demás cuando les juzgamos o degradamos, cuando damos a entender que son en cierto modo inferiores a nosotros o a otras personas. Los comportamientos de menosprecio pueden ir desde un sutil chasquido de la lengua cuando nuestro amigo no vegano pide en el restaurante una hamburguesa de carne en lugar de una vegetal, hasta insultar a un vegano cuando expresa una opinión que no compartimos.

La vergüenza es una emoción provocada por comportamientos amenazantes, abusivos o de algún otro modo denigrantes. Sentir vergüenza significa sentirse «menos que» los demás. Puede sentirse menos poderosos, menos ético, menos atractivo, menos inteligente, etc. Sin embargo, al final sentirse menospreciado es sentirse menos valioso que los demás. Y cuando despojamos nuestro activismo, nuestro atractivo, nuestra inteligencia, etc. de la sensación de ser valiosos —como la mayoría de nosotros hemos aprendido a hacer— inevitablemente sentimos vergüenza cuando se nos menosprecia. Prácticamente todos nosotros llevamos sobre nuestras espaldas una buena dosis de vergüenza; solo es cuestión de la cantidad de vergüenza contra la que debemos luchar. Hemos heredado un mundo profundamente problemático, con modelos a seguir bastante alejados de la perfección. Incluso aquellos de nosotros que tuvimos unos padres y cuidadores emocionalmente sanos, hemos recibido el impacto de una cultura popular en la que la competición, la violencia y la degradación —fenómenos que causan miedo y vergüenza— son tanto normales como algo digno de celebrar.


Grandiosidad

La cara opuesta de la vergüenza es la grandiosidad, la sensación de sentirse superior o «mejor que» los demás. La sensación de grandiosidad exagerada, por muy pequeña que sea, puede resultar muy seductora. Cuando nos encontramos en un estado de grandiosidad, nos hallamos a una altura que nos permite ignorar en gran medida aquella vergüenza que la mayoría de nosotros pasamos la vida intentando negar, evitar y ocultar. De modo que poner en evidencia a los demás puede resultar tentador, ya que hacer que los demás sean inferiores nos coloca automáticamente en una posición de superioridad. Un ejemplo común de esta dinámica entre veganos es poner en evidencia a los demás moral e intelectualmente. Es decir, implicar que el otro es menos inteligente y menos ético, a menudo porque no está de acuerdo con nuestro punto de vista. El objetivo de poner a los demás en evidencia moral e intelectualmente es demostrar que nuestro punto de vista es «correcto» y el otro «incorrecto», en lugar de examinar y debatir objetivamente las diferentes perspectivas.

Poner en evidencia a los demás moral e intelectualmente puede resultar especialmente dañino, ya que es una conducta difícil de reconocer y, por lo tanto, de contrarrestar: es mucho más fácil identificar un grito que una mirada desdeñosa. Con frecuencia, el menosprecio moral e intelectual se oculta tras una argumentación inteligentemente articulada y una prosa elocuente. Y cuando la belleza de las palabras bien escogidas se combina con una pasión entusiasta y un fariseísmo inquebrantable, el resultado puede ser embriagador. Un vegano bienintencionado puede quedar obnubilado por el brillo del carisma intelectual de una persona e inconscientemente unirse a la lapidación de aquellas ideas que se han etiquetado como «incorrectas» y, por lo tanto, «no éticas». Independientemente de la buena educación que se haya recibido, de lo apasionado que se sea o de lo moralmente convencido que se esté, las propias ideas no son necesariamente lógicas o precisas, y nuestra actitud no es necesariamente ética. Siempre debemos dar un paso atrás y preguntarnos «¿Se está refiriendo esta persona a datos empíricos o simplemente está expresando su opinión? ¿Su argumento es válido desde un punto de vista lógico?» Y, ¿Cómo me sentiría yo si estuviera recibiendo estos comentarios?».

Por supuesto, no todos los comportamientos que ponen en evidencia a los demás son intentos de inflar nuestros egos; en ocasiones lo hacemos solo porque estamos tratando de que hagan algo que queremos que hagan, y no  nos damos cuenta de que nuestro comportamiento resulta dañino.

Grandiosidad y tener derecho

Sentir que tenemos derecho significa que creemos que merecemos privilegios especiales que los demás no merecen, y es una consecuencia natural de estar en un estado de grandiosidad. Cuando sentimos que tenemos derecho, nos da la sensación de que podemos hacer a los demás lo que resultaría inaceptable que nos hicieran a nosotros.

Por ejemplo, recientemente un colega mío (vegano) fue cuestionado por otro vegano por sus ideas acerca de la liberación animal. Mi colega le respondió que era defensor incondicional de la abolición de la explotación animal. Sin embargo, cuando afirmó que apoyaba una estrategia hacia la abolición diferente de la que defendía quien le cuestionaba, el otro vegano —a quien mi colega no conocía en absoluto— insistió en que a mi colega «realmente no le importaba» terminar con el sufrimiento animal y que, de hecho, no era defensor de la abolición de la explotación animal. El otro vegano se sintió con derecho a definir la identidad de mi colega por él. Se sintió con derecho a afirmar que el apelativo que utilizaba mi colega para definirse a sí mismo era incorrecto, que él sabía mejor que mi colega cuáles eran su filosofía y objetivos personales.


El poder moral otorga la razón

«Estos activistas creían que resulta aceptable intimidar, poner en evidencia o menoscabar de cualquier otro modo a otra persona siempre y cuando el ataque surja de una sensación de autoridad moral»

En la conferencia, aunque me sentí preocupada por el comportamiento del activista acusador, me preocupó mucho más el hecho de que fuera capaz de sabotear y poner al orador en evidencia porque otros le dieron la plataforma desde la que hacerlo; porque muchos activistas parecían compartir esta creencia de que «el poder moral otorga la razón». Dicho de otra forma, creían que resulta aceptable intimidar, poner en evidencia o menoscabar de cualquier otro modo a otra persona siempre y cuando el ataque surja de una sensación de autoridad moral. Cuando pregunté al activista, por ejemplo, por qué se sentía con derecho a violar el espacio de un orador y potencialmente traumatizarle (a él y a los asistentes) forzándole a ver el cadáver de una persona —comportamientos que recuerdan espantosamente a los de los maltratadores de animales—, me respondió que lo hizo porque «el orador había cruzado una línea ética», afirmación que fue vitoreada por la multitud.

El psicoterapeuta Terrence Real, especializado en relaciones abusivas, denomina este tipo de comportamiento «ofensa desde la posición de víctima». Todos los abusadores, indica Real, tienen la sensación de poseer la verdad y creen que se están defendiendo (o, en el caso de los activistas a favor de los derechos de los animales, que están defendiendo a otros) cuando exhiben comportamientos abusivos. Un maltratador, por ejemplo, casi siempre afirma haber golpeado a su pareja porque esta hizo algo para hacerle daño: «Sabe que no soporto que se queje del modo en que trato a los niños, pero no fue capaz de mantener la boca cerrada». En la mente del abusador, su pareja cruzó una línea: una línea subjetiva que él había trazado y que él decidió que marcaría la frontera de la violencia justificable hacia ella.

En el paradigma moral «el poder otorga la razón», el abuso no es tal si el comportamiento surge de un agravio moral válido. Y por supuesto, la persona que decide si el agravio es válido es quien ejercita dicho comportamiento. Consideremos por un momento los ataques terroristas del 11-S o los numerosos tiroteos que se producen en los colegios norteamericanos, acciones violentas cometidas en el nombre de la rectitud moral. Aunque tales ejemplos son obviamente mucho más violentos que un vegano poniendo en evidencia a otro vegano (o no vegano) en público, la mentalidad subyacente es similar y la diferencia reside sencillamente en una cuestión de grado.


Poner en evidencia a los veganos es la peor estrategia

La mayoría de la gente estaría de acuerdo en que practicar la integridad imposibilita el menosprecio. La integridad es la conjugación de valores (como la compasión y la justicia) y prácticas, y cuando ponemos a los demás en evidencia estamos transgrediendo dichos valores. Así que poner en evidencia a los demás —ya sean veganos o no veganos— es sencillamente poco ético.

«La práctica del menosprecio entre los veganos es inherentemente la peor estrategia posible»

Pero incluso si nos importan poco las consecuencias éticas de poner en evidencia a los demás, dicho comportamiento también conlleva consecuencias prácticas. La práctica del menosprecio entre los veganos es inherentemente la peor estrategia posible: aleja a los no veganos cuyo apoyo necesitamos si queremos que nuestro movimiento tenga éxito, socava la credibilidad de los veganos y provoca una tremenda pérdida de tiempo y energía que podrían dedicarse en su lugar a fomentar un activismo vegano efectivo.

Cuando ponemos en evidencia a otro, aumentamos la probabilidad de que se retire o nos ataque como método de autodefensa. Es posible que las personas menospreciadas nos consigan actuar eficazmente en su nombre o en nombre de otros porque no sienten que tengan el poder de provocar un cambio. Tomemos por ejemplo el caso de una joven que es testigo de los horrores de la ganadería intensiva y desea dejar de comer animales, pero en cambio no es capaz de soportar la presión de su entorno para ajustarse a la norma del carnismo cuando los demás la tildan de «radical». En ocasiones, las personas menospreciadas deciden atacar en lugar de retirarse, de modo que ponen en evidencia a otros para recomponerse (temporalmente). Tomemos ahora el ejemplo de un niño que se cae y se descarna la rodilla en el parque, empieza a llorar, e inmediatamente sus amigos le llaman «nena» (por desgracia, llamar «niña» a un niño se encuentra entre las peores ofensas). Se pone en pie, saca pecho como diciendo «ya veréis», y trata de amedrentar y poner en evidencia a los demás.

Los psicólogos saben hace tiempo que los comportamientos de menosprecio hacia los demás son inherentemente abusivos, y que poner en evidencia a otros es la mejor forma de conseguir justo lo contrario de lo que deseamos (a menos que seamos un líder de culto, el guarda de un preso político, o que de alguna otra forma deseemos despojar de voluntad y «desmoronar» al otro).

Porque el menosprecio es personal y socialmente debilitante, es la emoción que la cultura dominante imbuye en quienes cuestionan sus prácticas opresivas, silenciando eficazmente las voces disidentes (¿cuántas veces nos hemos mordido la lengua los veganos por miedo a que nos tildaran de «excesivamente sensibles», «extremistas», «irracionales» o «moralmente equivocados»?). Los veganos conocemos perfectamente esta sensación: debemos luchar contra ella cada día conforme luchamos contra la corriente de la cultura dominante.


Menosprecio hacia los veganos en la cultura dominante: o demasiado visibles o totalmente invisibles

Con frecuencia, el menosprecio a los veganos en la cultura dominante se expresa de dos formas: los veganos son o demasiado visibles o totalmente invisibles. Cuando somos demasiado visibles, nuestra actitud y nuestro comportamiento se miran con lupa una y otra vez, dejándonos poco margen para ser los humanos con fallos que en realidad somos y provocando que adoptemos una especie de «perfeccionismo tóxico». Cuando somos invisibles, nuestros esfuerzos se deniegan, se invalidan o se ensombrecen de algún otro modo. Cuando los veganos se menosprecian entre sí, refuerzan estas actitudes tan extremadamente dañinas.

Veganos demasiado visibles: perfeccionismo tóxico

A menudo la cultura dominante exige a los veganos que mantengan unos estándares imposibles. Se espera de nosotros que seamos la quintaesencia de la virtud (si vestimos con seda somos unos hipócritas, si no, unos extremistas), modelos de salud (si caemos enfermos se cuestiona toda nuestra ideología), y expertos en todo (no se nos permite defender el veganismo a menos que tengamos todas las respuestas al problema del carnismo, cosa que, por supuesto, es imposible).

«Cuando otros veganos refuerzan el perfeccionismo tóxico, los resultados pueden ser devastadores»

Además, muchos veganos están profundamente sensibilizados con la idea de poder causar daño, ser inmorales o no ser «suficientemente buenos», por lo que han interiorizado el mensaje de la cultura dominante que les obliga a ser perfectos para poder ser respetados. Se esfuerzan en aceptar que sus esfuerzos son suficientes, pero con frecuencia sin éxito. De modo que no debe sorprendernos que el perfeccionismo tóxico sea una causa común de depresión y agotamiento entre los veganos. Cuando otros veganos refuerzan el perfeccionismo tóxico, los resultados pueden ser devastadores. Un ejemplo muy común es insistir en que, incluso si se ingieren trazas de productos animales, como vino «no vegano» o queso de soja que contiene caseína, no se es un «vegano auténtico» y, por extensión, uno se convierte en un explotador de animales. Esta actitud sin duda intimida enormemente a muchos veganos recientes y veganos potenciales.

El perfeccionismo tóxico también provoca que reduzcamos al individuo al que estamos juzgando únicamente a los comportamientos «vergonzosos» por los que le estamos juzgando. No apreciamos al otro como un individuo completo, sino que eliminamos todas las partes de su activismo y su vida que contradicen nuestro juicio. Por ejemplo, una campaña controvertida llevada a cabo por una organización que ha hecho un tremendo bien a los animales puede hacer que se critique a dicha organización, llamándola «vendida» o acusándola de colaborar con el opresor. Aun cuando los números no cuadran —cuando el individuo o la organización han hecho estadísticamente mucho más «bien» que «daño» potencial—, el perfeccionismo tóxico nos lleva a invalidar mentalmente dichos datos.

«La gente que teme cometer errores es con frecuencia la que acaba no haciendo nada»

Cuando los veganos fomentan el perfeccionismo tóxico, pueden provocar un miedo excesivo en otros veganos (y en sí mismos) a cometer errores. Un pequeño desliz, admitir solo una vez que no se es suficientemente «puro», puede provocar que otros te pongan en evidencia. La gente que teme cometer errores es con frecuencia la que acaba no haciendo nada.

 

Veganos invisibles: ingratitud

Nuestro trabajo es muy desagradecido. Como activistas veganos, muchas veces trabajamos sin descanso, sin cobrar o cobrando muchísimo menos de lo que ganaríamos de otro modo, y lo hacemos por el sencillo motivo de que nos importan los animales. Los animales no pueden darnos las gracias, y nunca lo harán. Nuestro esfuerzo es con frecuencia invisible, ridiculizado o incluso combatido por la cultura dominante, y a veces incluso por aquellas personas con las que tenemos una relación más íntima.

De modo que, cuando nuestros compañeros activistas, las únicas personas del mundo que entienden lo que significa ser vegano en un mundo consumidor de animales, nos hacen lo mismo que la cultura dominante —llamándonos hipócritas, ridiculizándonos y atacándonos— podemos llegar a desmoralizarnos. Está claro que cuando nos atacan nos sentimos agredidos. Pero quizá un sentimiento incluso más insidioso sea el de sentirse profundamente poco apreciado. El deseo de sentirse apreciado no es egoísta ni egocéntrico. Es una necesidad humana básica que, cuando no se satisface, mina nuestra motivación y nuestra inspiración. Si tienes alguna duda, solo piensa en cómo te sientes cuando tu pareja no agradece que hayas sido tú el único o la única que ha limpiado la casa desde que os mudasteis a vivir juntos.


Del menosprecio a la potenciación

Sería muy trágico que los veganos estuvieran de acuerdo en todo. Nuestra belleza y nuestra fuerza radican en nuestra diversidad. Sin embargo, sí es importante el modo en que estamos en desacuerdo. Es extremadamente importante. Cuando nos reunimos para dialogar (no para discutir) sobre nuestras ideas diferentes, podemos enriquecernos a nosotros mismos y a nuestro movimiento. En tales situaciones, enfocamos nuestros desacuerdos con curiosidad y compasión. Estamos abiertos a aprender de los demás, e incluso cuando estamos firmemente convencidos de una idea, no menospreciamos o atacamos al otro. Nos dotamos de poder a nosotros y a nuestro movimiento. La potenciación es lo opuesto al menosprecio.

Comunicar con empatía

Podemos reducir la probabilidad de que pongamos en evidencia al otro si, antes de comunicarnos, nos paramos a pensar si estamos en ese momento conectados con nuestra empatía, si estamos considerando realmente cómo es el mundo a través de los ojos del otro, cómo le harán sentir nuestras palabras o acciones. Debemos preguntarnos «¿cómo me sentiría y cómo reaccionaría yo si alguien me dijera esto?». Estas preguntas son especialmente importantes si estamos enfadados o si nos creemos moralmente justos, y/o si el otro es un líder u organización, en cuyo caso es más fácil verlos meramente como un símbolo en lugar de como un ser humano o una institución formada por seres humanos. A menudo olvidamos que bajo el papel de director general, autor, orador, etc. existe una persona con sentimientos, deseos y necesidades. Una persona a la que afectarán nuestras palabras. Y olvidamos que nuestras organizaciones están compuestas de activistas, que son personas que se preocupan mucho por la causa y por la repercusión de su trabajo.

«Hay una cosa segura: poner en evidencia o intimidar a otros veganos no ayuda a los animales, porque mina la moral, despoja de poder a los activistas y debilita a todo el movimiento. Si deseas hacer lo mejor para los animales, deja de poner en evidencia a los demás»

Y antes de comunicarnos, también podemos preguntarnos, “¿cuál es el objetivo de mi comunicación? ¿Qué repercusión espero que tenga esta comunicación en los animales?» Muchos de los veganos que ponen en evidencia a otros veganos lo hacen desde la preocupación más genuina, creyendo que el método empleado por el otro para reducir el sufrimiento animal realmente perjudica a los animales. Algunas estrategias son sin duda mejores que otras, y sin datos sólidos (datos que, en lo referente a estrategias globales para la liberación animal, sencillamente no tenemos) es difícil si no imposible saber qué enfoque es más efectivo. De modo que debemos continuar hablando, dialogando, analizando y aprendiendo. Pero hay una cosa segura: poner en evidencia o intimidar a otros veganos no ayuda a los animales, porque mina la moral, despoja de poder a los activistas y debilita a todo el movimiento. Si deseas hacer lo mejor para los animales, deja de poner en evidencia a los demás.

Crear zonas libres de menosprecio

La forma más importante en que podemos crear una cultura libre de menosprecio es hacer todo lo que esté a nuestro alcance para eliminar la plataforma de quienes menosprecian. Las personas que ponen en evidencia a los demás no tendrían tanto impacto si no tuvieran quien les escuche.

Espero que los veganos elijan aliarse para crear un movimiento más compasivo y, por tanto, más poderoso. Espero que se comprometan a crear una cultura libre de menosprecio (hacia los veganos y los no veganos por igual). Para lograrlo, podemos crear zonas libres de menosprecio siempre que podamos: en nuestras conversaciones y organizaciones, en nuestras conferencias y encuentros y, quizá lo más importante, en nuestras páginas de redes sociales, ya que las redes sociales con frecuencia son la fuente más importante de menosprecio generalizado.

«Lo único necesario para el triunfo del mal es que la gente buena no haga nada» Edmund Burke

En lugar de estigmatizar y señalar a quienes ponen en evidencia a los demás, que reforzaría la mentalidad reactiva de la cultura de la estigmatización, sugiero que pidamos compasión, que asumamos un papel activo a la hora de asegurarnos de que no ignoramos o dejamos pasar los comentarios menospreciativos. Podemos realizar una declaración en nuestras páginas de las redes sociales asegurando que estamos comprometidos a comunicarnos sin menosprecio, y entonces, sin acritud, si alguien comparte un comentario hostil o denigrante, podemos pedirle que comparta sus preocupaciones de una forma más compasiva y, si no lo hacen, podemos borrar su comentario. También podemos hablar con los organizadores de nuestras conferencias y encuentros o con los líderes de nuestra organización cuando percibamos que se tolera o fomenta un comportamiento de menosprecio. Lo más importante es que no nos quedemos de brazos cruzados cuando vemos que se hace daño a alguien. Tal y como afirmó Edmund Burke con tanto acierto, «lo único necesario para el triunfo del mal es que la gente buena no haga nada».

La mayoría de veganos son individuos muy conscientes y compasivos que están profundamente comprometidos con la integridad personal y la transformación social. Es probable que nuestro movimiento haya llegado a un punto en el que el menosprecio es un problema en parte debido a que hemos aceptado el mito «el poder moral otorga la razón» sin cuestionarlo siquiera, y en gran medida porque aquellos de nosotros que no ponemos en evidencia a los demás no hemos prestado demasiada atención a este fenómeno. Así que nos hemos convertido involuntariamente en observadores, permitiendo que se extendiera el problema simplemente no prestándole atención.

El menosprecio es perjudicial para nuestro movimiento. Como veganos, no podemos permitirnos el lujo del olvido, no podemos permitirnos pasar por alto las afirmaciones hostiles o ignorar los comentarios denigrantes. Debemos hacer lo que se nos da mejor: actuar como consumidores críticos y animar a los demás a hacer lo mismo. Debemos examinar no solo aquello que metemos en nuestro cuerpo o usamos para cubrirlo, sino también lo que introducimos en nuestros corazones y nuestras mentes, y fomentar la compasión en lugar de la crueldad.

*Por supuesto, los diferentes enfoques ideológicos pueden suscitar preguntas legítimas en ambas partes. Sin embargo, el objetivo de este artículo es centrarnos en el modo en que realizamos dichas preguntas, no en las preguntas en sí.

http://www.igualdadanimal.org/noticias/7316/poner-en-evidencia-los-veganos-perjudica-los-animales.

Podrías ser vegano si… ?

Punto de verificación: Nos gustaría que todo el mundo fuera vegano, pero la realidad es que solo una minúscula parte de la población lo es en realidad.

No sirve de mucho quejarse de esta situación, o llamar a todos los que no son veganos que son egoístas, indiferentes o hipócritas.

Para ver que podemos hacer que sea más útil, fíjese en las figuras de abajo. El gráfico de tarta de la izquierda representa el pequeño número de personas que está dispuesta a hacer el relativamente gran esfuerzo implícito en ser vegano. Ese esfuerzo se representa en la pendiente del gráfico de la derecha.


Lo que intentan muchos veganos y activistas por los derechos de los animales es incrementar la porción de la tarta incrementando la motivación, para que así mucha más gente quieran hacer (y hagan) el esfuerzo necesario de convertirse en veganos


Ello en sí mismo no es suficiente para conseguir un mundo vegano. Yo soy optimista, y creo que la mayoría de la gente, en sus corazones, tienen cuidado con los animales y no quieren dañarlos. La cosa es que no les importa lo suficiente para estar dispuestos a lidiar con los inconvenientes (o lo que ven como inconvenientes) del cambio.

Para incrementar la motivación de la gente, necesitamos además … Correcto: tenemos que trabajar para suavizar la curva del cambio.

Para suavizar la curva, necesitamos crear un entorno que ofrezca muchas alternativas veganas, en la que la producción de productos derivados de los animales sea progresivamente más costosa, y la que la gente requiera hacer menos esfuerzo, y que por tanto necesite cada vez menos y menos motivación. Cuanto más suave sea la pendiente, cuanto más vegano sea el entorno, más gente será vegana.

Algunos solo se convertirán si la curva tiene la siguiente forma:

Y algunos rezagados necesitarán algo como:


Muchos veganos ven triste y deprimente que necesitemos poner las cosas más fáciles para que la gente haga las cosas que moralmente se deben hacer. Puedo simpatizar con ese sentimiento, pero debe considerar que en su momento, también nosotros necesitamos una cierta disponibilidad de alternativas veganas, y no fue suficiente nuestra motivación, sin alternativas no habríamos podido ser veganos. Puede pensar que únicamente necesitaba escuchar la información correcta o tener los pensamientos correctos, pero no es cierto, lo que sucede es que nos convertimos en veganos cuando tenemos la motivación suficiente para subir la pendiente. Algunas personas la subieron cuando la pendiente era más acusada que ahora (digamos en la década de 1970)

Cada uno de nosotros necesita una cierta pendiente, muy pocos o ninguno podría subir una como la que sigue:


Y ya no digamos esta

Todo es relativo, debe sentirse contento por el momento en que se convirtió. Pero también debe pensar que muchos lo hicieron antes que usted y no todos lo harán hoy.

Trabajemos en la motivación, y hagamos las cosas más fáciles.

Te gustaría presionar un botón para extinguir a toda la humanidad?

Cuidado: esta publicación contiene ideas que algunas personas tal vez encuentren insoportablemente optimistas, así como algunas grandes ideas a largo plazo que otros quizás encuentren ridículas. Por favor, abre tu mente antes de leer a continuación.

Frecuentemente oigo a gente contemplando la idea de hacer desaparecer a la humanidad del universo porque, como especie, estamos causando un montón de sufrimiento, a nosotros y a otros seres sintientes y al planeta. Un experimento mental es el siguiente: si pudieses hacer desaparecer a la humanidad de manera indolora pulsando un botón, ¿lo pulsarías? O, replanteando un poco el experimento para poder hacer así una abstracción de tu propia responsabilidad: ¿evitarías que otro lo pulsase?

En el movimiento vegano/por los derechos de los animales, parece que hay más personas a favor de la extinción humana que entre la población general (solo mi experiencia anecdótica). No es difícil de entender. La gente se hace activista por los derechos de los animales y/o vegana porque se ha enterado del horrible sufrimiento que los humanos infligen a los animales, para alimento, ropa, investigación o entretenimiento. Es tentador pensar que el planeta sería un lugar mejor sin el Homo sapiens, y, dado que en nuestro experimento mental ningún humano sufriría realmente (solo es una cuestión de un instante, y ningún humano quedaría para condenar la nueva situación), podríamos decir: ¿dónde está el daño?

Ahora, desde el punto de vista de la notoriamente complicada ética poblacional, hay un montón de cosas que decir aquí. Aparte de las consecuencias para las otras especies y el medio ambiente, podríamos hablar de si el universo en general sería un sitio peor o mejor al irse los humanos. Si hay, en promedio, más valor que disvalor en las vidas humanas, parecería que el resultado neto sería negativo. Pero si hay más miseria que felicidad, esto podría ser bueno. Podríamos pensar también en el valor del nacimiento de las personas futuras. Obviamente no nacerán si dejamos que la humanidad se extinga. No me adentraré en este campo de minas, porque no tengo opiniones sólidas acerca de estas cuestiones, porque parece que no puedo entenderlas bien, y sobre todo porque aquí yo quiero tocar otros factores.

Aquí están las razones por las que yo no pulsaría el botón.

1 Los humanos provocan muchos daños, pero también son maravillosos.

Todos conocemos los horrores que causamos en el mundo: a otra gente y anualmente a 65 billones de animales de granja (excluyendo a los peces). Nos cargamos nuestro entorno y utilizamos un montón de recursos naturales finitos. No hay necesidad de escribir una lista larga y deprimente aquí. De todos modos, también podemos enfocarnos en todo el bien que hacemos. Nunca en la historia de nuestro planeta – o, hasta donde nosotros sabemos, el universo – ha habido una especie que invierta tanto tiempo en mejorar las cosas para otros. Mira a los millones de personas activas en el sector sin ánimo de lucro. Mira a aquellos que tratan de ayudar a los más débiles y los más pobres. Mira todas las cosas bellas que hacemos. Viendo al Homo sapiens con estos ojos, considerarnos simplemente una ruina de especie que solo hace daño resulta algo verdaderamente problemático e injusto.

2 Los humanos todavía tienen mucho potencial que mejorar.

En muchos sentidos nuestra historia solo está empezando. Hace unos momentos solo éramos monos en árboles. Solo recientemente desarrollamos la cultura, el conocimiento y la educación. Solo hace poco – por lo menos en los países más ricos – logramos crear entornos cómodos en los que ya no necesitamos preocuparnos por alimento y refugio, por lo que podemos invertir más tiempo en otras cosas. La violencia está descendiendo y esta era es, contraintuitivamente para algunos, la era más pacífica en la historia (lee The Better Angels of Our Nature de Steven Pinker). Aún estamos expandiendo el círculo de nuestra consideración moral. Probablemente tengamos que trabajar menos en el futuro y nos entreguemos todavía más tiempo a crear cambios para nosotros y los demás. Y está la promesa (por lo menos para los tecno-optimistas) de los avances tecnológicos futuros que podrán ayudarnos a tener un enorme impacto positivo en nosotros y en el planeta.

3 Los humanos podrían ser capaces de ayudar a otras especies por el camino.

En el futuro, dados un mayor crecimiento moral y mejoras tecnológicas, en lugar de tener un impacto negativo neto sobre otras especies, nuestro impacto podría ser netamente positivo. Se puede decir que la mayor fuente de sufrimiento para los animales es la naturaleza/la condición natural. Mueren animales a billones debido al hambre, la enfermedad, el parasitismo, el clima, la depredación (mira mi publicación The extremely inconvenient truth of wild animal suffering). Quizás en el futuro podamos limitar parte de este sufrimiento. Lo mismo se aplica si, en algún punto de nuestro futuro más distante, nos topamos con vida sintiente en otros planetas. Es probable que allí haya sufrimiento, y si por aquel entonces hemos avanzado lo suficiente moral y tecnológicamente, podríamos ser capaces de ayudar. Por supuesto existe la posibilidad de que alguna otra especie en nuestro rincón del universo ya esté a ese nivel, haciendo así menos importante nuestro propio progreso. Pero claramente, en caso de que seamos los únicos “avanzados” por aquí (en esta región del universo), que sobrevivamos y mejoremos para ayudar se convierte en algo muy importante. Sería una pena si todo lo que tenemos y todo lo que somos se perdiese, y el universo necesitaría empezar de nuevo con otra especie para alcanzar nuestro nivel de desarrollo. Montones de tiempo y vidas perdidos.

Como puedes ver, estoy pensando un poco por adelantado. ¿Y por qué no? Algunos pensarán que esto es especulación y ciencia ficción que no tiene relevancia para los problemas y el sufrimiento que nos ocupan. Pero si no nos autodestruimos, tenemos que asumir que todavía vamos a estar aquí por un largo, largo tiempo. Y en ese tiempo, muchas cosas son posibles.
Estamos en camino. Aún somos niños, creciendo, mejorando. Va a llevarnos eras o milenios, pero los humanos podríamos acabar resultando ser lo mejor para el universo. No pulsemos ese botón todavía.
Traducido por Alejandra Ainara Hernando. Spanish translation first appeared here.

Los 12 habitos de los veganos altamente eficaces

En mi humilde opinión, ser un vegano altamente eficaz no es, ante todo, una cuestión de ser vegano hasta el último micro-ingrediente. Más bien, se trata de comunicarse de una manera que abra la mayor cantidad de corazones y mentes para una alimentación y forma de vivir más compasivas. Aquí está mi lista de doce hábitos para veganos altamente eficaces.

Los veganos altamente eficaces pueden ponerse en el lugar de quien están hablando. Saben que otras personas pueden ser significativamente diferentes en muchos aspectos. Pueden tener distintos intereses y motivaciones, diferentes maneras de lidiar con los cambios y desafíos. Por lo tanto…

Los veganos altamente eficaces se adaptan. Pueden adaptar su forma de hablar y sobre lo que hablan según su audiencia. No son dogmáticos en su enfoque. Saben que no tienen ninguna obligación moral de presentar el veganismo como una obligación moral.

Los veganos altamente eficaces animan cada paso que toma la gente. Saben que, por lo general, el cambio ocurre de manera gradual. Por lo tanto, los veganos altamente eficaces se centran en las cosas buenas que la gente ya está haciendo, en lugar de las cosas que no están haciendo todavía.

Los veganos altamente eficaces no se preocupan por la pureza. Saben que tanto respecto a sí mismos y a otros, centrarse en la “pureza” es improductivo. Quieren mostrar que ser veganos parezca tan accesible, fácil y atractivo como sea posible. Saben que comer de forma más compasiva no es una cuestión de blanco o negro, ni de ahora o nunca. Quieren ayudar a la gente a dar el primer paso en lugar del último.

Los veganos altamente eficaces no necesitan tener la razón. Por el contrario, se centran en lo que funciona. Es por eso que rara vez están debatiendo o discutiendo. Saben que, además de proporcionar argumentos, también pueden proporcionar información práctica, recetas, o una degustación (por ejemplo, cocinar para los demás).

Los veganos altamente eficaces saben escuchar. Saben que escuchar es esencial para una auténtica comunicación. Los veganos altamente eficaces, por tanto, también saben hacer preguntas y cuándo callar. Son amables y tienen sentido del humor. Saben que el proceso de una conversación es a menudo más importante que el contenido.

Los veganos altamente eficaces recuerdan lo que era no ser vegano (no sufren de “amnesia vegana”). Saben que en algún momento comieron productos de origen animal y que incluso pueden haber sido sordos a argumentos de derechos de los animales, aún si fueran claramente articulados. Por lo tanto, son pacientes y comprensivos.

Los veganos altamente eficaces saben que el cambio de actitud puede venir después de un cambio de comportamiento. Por lo tanto, no les importa si las personas comienzan su viaje vegano por salud o por cualquier otra razón.

Los veganos altamente eficaces son humildes. Saben que no son perfectos. Saben que otras personas pueden hacer grandes cosas, incluso si no son veganos. Y saben que no tienen todas las respuestas.

Los veganos altamente eficaces tienen fe en las personas. Saben que la mayoría de la gente quiere hacer el bien y que los animales no sufran. Los veganos altamente eficaces saben que el cambio es una cuestión de tiempo. Se dan cuenta de que algo importante que tenemos que hacer es que sea más fácil para las personas actuar y comer con compasión, proporcionando más y mejores opciones veganas.

Los veganos altamente eficaces entienden la importancia crucial de la buena comida. Aplauden el desarrollo de nuevos productos, aprenden a cocinar, y pueden inspirar a otras personas, dándoles a conocer cómo se puede comer vegano.

Los veganos altamente eficaces no juzgan. Ven el veganismo -como ser un mejor ser humano- como un viaje más que un destino, algo que nunca se acaba, y que se puede iniciar desde distintos caminos.

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Si cada vegano hiciera un nuevo vegano cada 5 años

Supongamos que cada vegano hiciera a alguien vegano en cinco años, y que esos nuevos veganos hicieran lo mismo en cinco años, tendríamos un mundo vegano al instante.

¿Alguna vez escuchaste ese argumento? Es una de esas cosas que suena bien a primera vista, pero se vuelve problemática una vez que pasas algo de tiempo pensando en ello.

A veces este argumento es usado para justificar la posición de que no necesitamos grandes organizaciones, o leyes, o grandes compañías… excepto darnos cuenta de todo el cambio que queremos sólo haciendo a los veganos hablarle a otras personas sobre derechos animales y obligaciones morales.

Pero si fuése así de simple, ¿Por qué no tenemos un mundo vegano todavía?

Algunos responderán a esta pregunta diciendo que, muy sencillamente, nunca se ha intentado.

Nos dirían que nunca hemos, consistentemente y como un movimiento, dado a quienes consumen productos animales la verdad vegana directa y el mensaje de “Hazte vegano”. En este sentido, el veganismo, para algunos, es como el comunismo: nunca se ha intentado con el esfuerzo suficiente.

Por supuesto, eso no es cierto. Seguramente, durante todo el tiempo que han existido los veganos, muchos o la mayoría (al menos los “veganos éticos”) han estado intentando convencer a otras personas de unirse al equipo vegano. Y en sus momentos fueron probablemente exitosos.

Pero todavía, sin mundo vegano. ¿Por qué no?

Contemos los números un poco. Comencemos con un número existente extremadamente bajo de veganos: uno. Sí, un vegano. Imagina que hubiése sólo un vegano, pero que ese vegano hiciera a alguien vegano en un año, y que cada uno de ellos hiciera lo mismo en un año. El mundo entero – el MUNDO entero! – sería vegano en… 38 años.

Con funciones exponenciales, todo va muy rápido. Pero eso no significa mucho. Multiplicarnos a nosotros mismos no es tan simple como parece. Si lo fuese, habría muchos grupos que ya hubiésen conquistado al mundo. Pero el hecho es que no todos hemos sido convencidos en convertirnos en testigos de Jehová o cienciólogos.

Tal vez creemos que el veganismo es distinto porque nuestro argumento tiene más sentido, y ¿Potencialmente más gente lo compraría en comparación a quienes comprarían cualquier idea dogmática religiosa? Tal vez, algún día. Por ahora no ha funcionado aún. Por ahora hay muchas más personas comprando raras ideas religiosas, por ejemplo, que nuestras ideas veganas racionales.

Un problema, por supuesto, es que no todos nosotros somos comunicadores expertos y que la manera en que hablamos sobre el veganismo no es siempre atractiva (en el peor caso desviamos a más gente de la que atraemos). Otro punto es que los veganos parecen caerse del vagón casí más rápido de lo que nos toma “hacerlos”. Por cada vegano hay tres o cuatro veces más ex-veganos. Un paso hacia adelante, dos (o tres, o cuatro) pasos hacia atrás, ¿Se entiende?

El punto que más más quiero tocar aquí, es que un acercamiento uno-a-uno, basado en argumentos morales, nunca llegará totalmente a ser exitoso. No es que no hayamos estado intentándolo. Es que no es suficiente y ni siquiera lo más importante que podamos hacer.

Entonces el argumento de “imagina que cada vegano hiciera un nuevo vegano” no es un argumento que justificaría solo enfocarnos en el activismo uno-a-uno y de base, y como algunos lo dirían. Necesitamos mucho más que eso. Necesitamos presión social y desarrollo de productos. Necesitamos leyes. Necesitamos cadenas de supermercados y restaurantes para trabajar con nosotros. Necesitamos el poder de grupos grandes. Necesitamos recaudar mucho dinero. Necesitamos estar presentes en el sistema educativo. Necesitamos mujeres y hombres de influencia en todos los dominios de la sociedad, desde celebridades a líderes de negocios y políticos, quienes puedan ayudar a más gente a cambiar su comportamiento y sus mentes. Y sobre todo, necesitamos pensar sobre estrategias y psicología, para que nuestro esfuerzo de uno a uno pueda ser efectivo.

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Veganismo: Ideología vs Resultados

Como saben quienes leen mi blog, me gusta desafiar el concepto de veganismo una y otra vez. ¿Por qué? Porque:

1) Creo que todo – todo – debe ser cuestionado una y otra vez, no por el hecho de cuestionar en sí mismo, sino que porque el pensamiento crítico hace de nuestras ideas, sueños y tácticas, mejores, más nítidas y más eficaces.

2) Porque creo que hay mucho más para ayudar a los animales que solo limitarse a ser un vegano aparentemente consistente.

Obviamente, no todo el mundo aprecia este cuestionamiento del veganismo, como concepto, una práctica o una estrategia. Mucha gente cree saber exactamente qué es el veganismo, qué papel juega, cuán necesario es y quién es vegano y quién no lo es. Para esas personas, todo es muy simple: el veganismo ha sido definido algunas décadas atrás, por Donald Watson (como el evitar los productos de origen animal en la medida de lo práctico y posible). Simplemente haces lo que se dijo. No importa que esto sea una frase vaga o subjetiva. Sin importar que Watson y sus amigos de la Vegan Society diesen la bienvenida a cualquiera que estuviera de acuerdo con los objetivos, independientemente de si fuesen veganos o no.

Como he dicho anteriormente, he sido vegano por 17 años, por lo que mis críticas a los veganos y al veganismo deberían ser leídas de manera distinta de aquellas que generalmente hace alquien que come animales. Yo las hago, como he dicho, con la esperanza de que seamos más efectivos. Lo que quiero hacer aquí es tomar una breve mirada a por qué la gente es vegana, cuál es el impacto de esto y cuáles son algunos de los problemas que existen.

Cuando juzgamos la moralidad de una acción, podemos juzgarla en términos de 1) sus resultados y 2) si es correcto o no que una persona haga esa acción. Estas son dos cosas diferentes. Para verlo más claro, imaginemos que por cada persona que se hace vegana, alguien imaginario empieza a comer el doble de productos de origen animal por lo que el impacto del vegano se vuelva neutral y por tanto la acción de los veganos deja de tener–resultado–alguno (punto uno). Ser vegano por definición en este caso parece tener menos importancia o urgencia, pero la mayoría de nosotros – incluyéndome – lo seríamos de todas maneras, simplemente porque encontramos que no está bien comer animales (y puede que hayan otras razones, pero son asuntos diferentes).

La razón numero uno (los resultados) es el principal motivo para ser vegano. Creo que suficientes veganos, junto a grandes grupos de vegetarianos y un grupo mucho más grandes de reducidores, están, lentamente pero por seguro, cambiando la demanda, y así mismo la producción (estimulando el desarrollo de las buenas alternativas y así decreciendo la demanda de productos de origen animal). Por lo tanto, salvamos animales de una vida de sufrimiento (porque sin nuestra demanda, no tienen la necesidad de nacer).

Razón número dos. La aparente moralidad de un acto, es importante para mí, pero es secundario. Si uno está de acuerdo con que el consumo de animales está mal, pareciera que es algo que es siempre incorrecto de hacer, independientemente de las circunstancias y consecuencias. Pero no es difícil imaginar situaciones en las que si comemos algo de origen animal, no hacemos diferencia alguna en cuanto a resultados. Cuando se nos ofrece algo (es decir, cuando no compramos intencionalmente un pedazo de carne, o un chocolate no vegano por ejemplo) nuestra negativa a comer ese producto no tendrá ningún impacto en la demanda en sí. Por supuesto que con nuestro comportamiento podemos mostrar que no comemos productos animales, algo que se trata de crear conciencia. Pero digamos que no existe tal factor de sensibilización en cuestión. Digamos que hay algún trozo de carne sobrante en algún lugar, y nadie puede ver si lo comes o no. ¿Cuál es exactamente el problema con comerlo? No hay impacto en nadie, y ningún impacto en la demanda. Es un pedazo de carne que se desecha. Los alimentos desechados por los supermercados serían un ejemplo de ello.

No estoy diciendo que esté perfectamente bien comer productos de origen animal tirados, pero si no lo es, no siempre será por cuestiones de resultados. En el caso anterior si somos consistentes o no es neutral en términos de resultados. Yo por ejemplo puedo imaginar circunstancias en las que ser consistente tiene como consecuencia efectos negativos netos. He planteado previamente el experimento mental en que se te ofrece comer un bistec a cambio de 100.000 dólares considerando que podrías ayudar a una gran cantidad de animales con ese dinero. La gente que diría que no a este dinero, le está dando mucha importancia al número dos más que al número uno, los resultados en cuanto ayudar animales.

Por supuesto podemos no hacer estos experimentos y odiarlos, pero si los tomamos en serio, como deberíamos, podemos ver que la consistencia dogmática no entrega automáticamente mejores resultados para los animales.

Al parecer – juzgando por algunas de las críticas que obtengo por estas publicaciones – es necesario señalar que no estoy diciéndole a los veganos que hagan excepciones sin ninguna razón. Si muchos veganos no quieren hacer ninguna excepción bajo ninguna circunstancia, ¿quién soy yo para quejarme por ello? Tal vez su comportamiento bajo principios 100% coherentes tiene algún beneficio o consecuencia positiva también. Simplemente no es el enfoque que yo elegiría. Sin embargo, sería bueno que por el contrario cuando alguien decida hacer estas consideraciones pragmáticas para el beneficio de los animales, no sea acusado de todo tipo de cosas (como de no ser vegano o hasta de ser anti-vegano, aunque solo hablemos de tolerar subproductos o ingredientes mínimos y no sobre tomar pequeños bocados de carne o una rebanada de queso de vaca). Más al respecto en “Cómo no ser un vegano odioso“

No estoy atacando a las personas que quieren ser totalmente consistentes y “puras” (la mayoría de las personas me describirían consistente y puro, por cierto). Lo que estoy diciendo es que a veces, en algunas situaciones, vale la pena considerar la alternativa a ser totalmente inflexible. O más bien, se puede considerar ser consistente con el objetivo del veganismo (reducir el sufrimiento y perjuicio hacia los animales) en lugar de serlo con la definición de veganismo.

Todo esto puede parecer trivial y sin importancia, pero no lo es. De lo que estamos hablando – y de lo cual escribiremos más en el futuro – es sobre la diferencia entre la ideología y el impacto concreto. Con demasiada frecuencia, seguimos una ideología por el bien de la ideología, sin prestar atención al efecto real de seguir esa ideología. Sin embargo, a veces ignoramos que en definitiva, es a los resultados a lo que apuntamos. O por lo menos, es a lo que yo voy.

(Spanish translation originally appeared here)

El Crecimiento de los negocios sigilosamente veganos

A los veganos nos encanta publicitar la propia palabra vegano. Nos gustaría verla en productos y menús de los restaurantes. Esto no sólo nos facilita la tarea de encontrar los productos que podemos comer, sino que incrementa la conciencia sobre el veganismo en general. Sin embargo, sin la etiqueta vegano, se venderían más productos veganos?

La primera vez que oí algo al respecto fue hace años, en un supermercado de alimentos integrales de algún sitio en California. Se suponía que tenían una tarta vegana, pero no la encontré y pregunté a la persona que atendía tras el mostrador. Me enseño la tarta en cuestión, y me comentó que ya no la etiquetaban como vegana. De hecho, me dijo que desde que lo hacían de esta forma, habían vendido el triple de tartas.

Más recientemente, he estado en muchos sitios que denomino «sigilosamente veganos», ya que informan sutilmente del hecho de ser veganos, o incluso no lo comunican. Os daré algunos ejemplos que me han ocurrido recientemente.

En Melbourne (y creo que en otras ciudades de Australia) existe una cadena de alimentación cuyo nombre podría traducirse como «El señor de los fritos» (Lord of the Fries). Es como cualquiere otro establecimiento de comida rápida, con las habituales hamburguesas y batidos, pero es vegetariano y vegano. Ellos lo comunican, pero no lo publicitan explícitamente, y la mayoría de los clientes no son ni vegetarianos ni veganos: simplemente desconocen que no están comiendo carne. Algunos únicamente lo averiguan después de varios meses de ir habitualmente.

The menu at Lord of the Fries, Melbourne, Australia
El menú de Lord of Fries en Melbourne, Australia

Otro ejemplo es la pequeña cadena de heladerías «Gela» en Israel. El lugar en el que estuve tenía una pequeña etiqueta el mostrador, proporcionada por una organización sin ánimo de lucro, con el texto «amigos de lo vegano» escrita en hebreo. Les pregunté si tenían alguna otra forma de informar a los potenciales clientes de este hecho, y me contestó que no, y que de hecho mucha gente desconocía que estaban en un establecimiento vegano.

Gela in Israel only has a vegan friendly sticker, but everything is vegan.
«Gela» en Israel sólo tiene una pegatina ‘amigos de lo vegano’, pero todo es vegano

Otro ejemplo es Ronald’s Donuts, en las Vegas. Nada en la tienda indica que exista algo vegano en el interior, si quieres saber si un donut es vegano o no debes preguntar por ello.

Porqué estos y muchos otros sitios se comportan tan modestamente ante el hecho de ser completamente veganos o vegetarianos? Obviamente no es vergüenza por usar el término vegano. Simplemente es porque saben que actualmente, la gente rehuye las etiquetas, no se sienten atraídos por ellas. La etiqueta «vegano» no añade valor, más bien se lo quita. Para darse cuenta de este hecho, piense en su posible reacción en un restaurante libre de gluten, es probable que no se entere de que está comiendo productos sin gluten si no se le comunica, y le parecerá un restaurante como otro, de otra forma puede que no llegue a entrar, ya que pensará que la comida es diferente o que le falta algo (sabor, tal vez?). No importa como sepa la comida en realidad, el prejuicio está allí.

Se podría pensar que están perdiendo clientes potenciales, un vegano podría pasar por la puerta y no entrar, verdad? Y sí, están perdiendo clientes por una parte pero ganando probablemente muchos más por otra. Los veganos van a encontrar lugares sin carne de todas formas, no es necesario poner la palabra VEGANO en grande en el escaparate.

Esto cambiará en la medida que crece la apreciación de la población en general sobre las cosas veganas. Y una forma de acelerar el proceso es dejar que consuman productos veganos sin saberlo. Si se enteran con posterioridad y les ha gustado, todo será más fácil.

Y el hecho que no se enteren nunca, cosa probable en estos negocios «sutilmente veganos», da fe de las alternativas increíbles que existen para tantas cosas, que pueden llegar a engañar gratamente a las personas. Eso es progreso!