Poner en evidencia a los veganos perjudica a los animales

Este es un artículo de la escritora invitada Dra. Melanie Joy, autora de Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas: una introducción al carnismo y psicóloga licenciada en Harvard. En este artículo explica lo que ella considera un problema de vital importancia en nuestro movimiento: que algunos veganos pongan en evidencia a otros veganos. Se trata de una lectura extensa, así que relájate y tómate tu tiempo para digerir los importantes temas que pone sobre la mesa.

Dra. Melanie Joy

Durante una reciente conferencia para activistas defensores de los derechos de los animales, tuvo lugar un incidente que me perturbó e hizo que sintiera preocupación por nuestro movimiento. Uno de los conferenciantes, activista vegano desde hace años, estaba impartiendo una presentación acerca del activismo efectivo frente a una audiencia de aproximadamente 300 personas cuando, repentinamente, dos activistas irrumpieron corriendo en el escenario. Uno de ellos llevaba una gallina muerta en las manos, y el otro sostenía un cartel que decía que la organización del ponente era corrupta. El activista de la gallina agarró un micrófono y procedió a explicar por qué pensaba que el orador era un hipócrita, responsable de un amplio sufrimiento animal y por qué creía que la organización del orador (vegana) en realidad se beneficia de la explotación animal. (Independientemente del hecho de que aquella organización en cuestión tiene un amplio historial de promoción del veganismo, su política principal a veces suscita las críticas de los grupos más radicales*).  Los siguientes cuarenta minutos se dedicaron a un debate “improvisado” en el cual el orador —un apasionado vegano que ha dedicado su vida a reducir el sufrimiento de los animales— se vio obligado a explicar que de hecho sí se preocupa de los animales, en lugar de terminar con su presentación, que había ideado para ayudar a los activistas a salvar animales de una forma más efectiva.

Durante todo ese tiempo, los asistentes vitoreaban y aplaudían después de cada apasionada pregunta del activista acusador, o bien aplaudían después de que el orador consiguiera defenderse con éxito, tanto a sí mismo como a su organización. En determinado momento se ofreció a los miembros del público la oportunidad de participar y, aunque muchos estaban a favor de la posición del orador, varias personas cogieron el relevo y continuaron con lo que claramente era una auténtica inquisición. Y esta dinámica continuó al día siguiente, cuando se retomó el debate. A nadie parecía preocuparle lo más mínimo que una persona que había dedicado mucho y tiempo energía a preparar y ofrecer una charla, viera su presentación saboteada. Y tampoco que un ser humano, vegano comprometido, fuera objeto de lo que yo solo podía percibir como un intento de ponerle en evidencia públicamente.

Vergüenza

“Se presupone que el movimiento vegano debe actuar como contrapartida a las actitudes que provocan sufrimiento en lugar de aliviarlo”

Por desgracia, poner en evidencia a los demás es un comportamiento social muy extendido que no termina nunca porque es demasiado corriente como para prestarle atención. Y poner en evidencia públicamente a otros es un espectáculo cada vez más popular, que recuerda a los Juegos de la Antigüedad y que sin duda es incluso más perjudicial. De modo que, aceptar y celebrar los comportamientos que menosprecian o ponen en evidencia a otras personas no es algo exclusivo del movimiento vegano. Sin embargo, se presupone que el movimiento vegano debe actuar como contrapartida a las actitudes que provocan sufrimiento en lugar de aliviarlo. Está claro que, el hecho de que un comportamiento injusto sea socialmente aceptable no es excusa para que lo adoptemos sin cuestionarlo.

Ponemos en evidencia a los demás cuando les juzgamos o degradamos, cuando damos a entender que son en cierto modo inferiores a nosotros o a otras personas. Los comportamientos de menosprecio pueden ir desde un sutil chasquido de la lengua cuando nuestro amigo no vegano pide en el restaurante una hamburguesa de carne en lugar de una vegetal, hasta insultar a un vegano cuando expresa una opinión que no compartimos.

La vergüenza es una emoción provocada por comportamientos amenazantes, abusivos o de algún otro modo denigrantes. Sentir vergüenza significa sentirse “menos que” los demás. Puede sentirse menos poderosos, menos ético, menos atractivo, menos inteligente, etc. Sin embargo, al final sentirse menospreciado es sentirse menos valioso que los demás. Y cuando despojamos nuestro activismo, nuestro atractivo, nuestra inteligencia, etc. de la sensación de ser valiosos —como la mayoría de nosotros hemos aprendido a hacer— inevitablemente sentimos vergüenza cuando se nos menosprecia. Prácticamente todos nosotros llevamos sobre nuestras espaldas una buena dosis de vergüenza; solo es cuestión de la cantidad de vergüenza contra la que debemos luchar. Hemos heredado un mundo profundamente problemático, con modelos a seguir bastante alejados de la perfección. Incluso aquellos de nosotros que tuvimos unos padres y cuidadores emocionalmente sanos, hemos recibido el impacto de una cultura popular en la que la competición, la violencia y la degradación —fenómenos que causan miedo y vergüenza— son tanto normales como algo digno de celebrar.


Grandiosidad

La cara opuesta de la vergüenza es la grandiosidad, la sensación de sentirse superior o “mejor que” los demás. La sensación de grandiosidad exagerada, por muy pequeña que sea, puede resultar muy seductora. Cuando nos encontramos en un estado de grandiosidad, nos hallamos a una altura que nos permite ignorar en gran medida aquella vergüenza que la mayoría de nosotros pasamos la vida intentando negar, evitar y ocultar. De modo que poner en evidencia a los demás puede resultar tentador, ya que hacer que los demás sean inferiores nos coloca automáticamente en una posición de superioridad. Un ejemplo común de esta dinámica entre veganos es poner en evidencia a los demás moral e intelectualmente. Es decir, implicar que el otro es menos inteligente y menos ético, a menudo porque no está de acuerdo con nuestro punto de vista. El objetivo de poner a los demás en evidencia moral e intelectualmente es demostrar que nuestro punto de vista es “correcto” y el otro “incorrecto”, en lugar de examinar y debatir objetivamente las diferentes perspectivas.

Poner en evidencia a los demás moral e intelectualmente puede resultar especialmente dañino, ya que es una conducta difícil de reconocer y, por lo tanto, de contrarrestar: es mucho más fácil identificar un grito que una mirada desdeñosa. Con frecuencia, el menosprecio moral e intelectual se oculta tras una argumentación inteligentemente articulada y una prosa elocuente. Y cuando la belleza de las palabras bien escogidas se combina con una pasión entusiasta y un fariseísmo inquebrantable, el resultado puede ser embriagador. Un vegano bienintencionado puede quedar obnubilado por el brillo del carisma intelectual de una persona e inconscientemente unirse a la lapidación de aquellas ideas que se han etiquetado como “incorrectas” y, por lo tanto, “no éticas”. Independientemente de la buena educación que se haya recibido, de lo apasionado que se sea o de lo moralmente convencido que se esté, las propias ideas no son necesariamente lógicas o precisas, y nuestra actitud no es necesariamente ética. Siempre debemos dar un paso atrás y preguntarnos “¿Se está refiriendo esta persona a datos empíricos o simplemente está expresando su opinión? ¿Su argumento es válido desde un punto de vista lógico?” Y, ¿Cómo me sentiría yo si estuviera recibiendo estos comentarios?”.

Por supuesto, no todos los comportamientos que ponen en evidencia a los demás son intentos de inflar nuestros egos; en ocasiones lo hacemos solo porque estamos tratando de que hagan algo que queremos que hagan, y no  nos damos cuenta de que nuestro comportamiento resulta dañino.

Grandiosidad y tener derecho

Sentir que tenemos derecho significa que creemos que merecemos privilegios especiales que los demás no merecen, y es una consecuencia natural de estar en un estado de grandiosidad. Cuando sentimos que tenemos derecho, nos da la sensación de que podemos hacer a los demás lo que resultaría inaceptable que nos hicieran a nosotros.

Por ejemplo, recientemente un colega mío (vegano) fue cuestionado por otro vegano por sus ideas acerca de la liberación animal. Mi colega le respondió que era defensor incondicional de la abolición de la explotación animal. Sin embargo, cuando afirmó que apoyaba una estrategia hacia la abolición diferente de la que defendía quien le cuestionaba, el otro vegano —a quien mi colega no conocía en absoluto— insistió en que a mi colega “realmente no le importaba” terminar con el sufrimiento animal y que, de hecho, no era defensor de la abolición de la explotación animal. El otro vegano se sintió con derecho a definir la identidad de mi colega por él. Se sintió con derecho a afirmar que el apelativo que utilizaba mi colega para definirse a sí mismo era incorrecto, que él sabía mejor que mi colega cuáles eran su filosofía y objetivos personales.


El poder moral otorga la razón

“Estos activistas creían que resulta aceptable intimidar, poner en evidencia o menoscabar de cualquier otro modo a otra persona siempre y cuando el ataque surja de una sensación de autoridad moral”

En la conferencia, aunque me sentí preocupada por el comportamiento del activista acusador, me preocupó mucho más el hecho de que fuera capaz de sabotear y poner al orador en evidencia porque otros le dieron la plataforma desde la que hacerlo; porque muchos activistas parecían compartir esta creencia de que “el poder moral otorga la razón”. Dicho de otra forma, creían que resulta aceptable intimidar, poner en evidencia o menoscabar de cualquier otro modo a otra persona siempre y cuando el ataque surja de una sensación de autoridad moral. Cuando pregunté al activista, por ejemplo, por qué se sentía con derecho a violar el espacio de un orador y potencialmente traumatizarle (a él y a los asistentes) forzándole a ver el cadáver de una persona —comportamientos que recuerdan espantosamente a los de los maltratadores de animales—, me respondió que lo hizo porque “el orador había cruzado una línea ética”, afirmación que fue vitoreada por la multitud.

El psicoterapeuta Terrence Real, especializado en relaciones abusivas, denomina este tipo de comportamiento “ofensa desde la posición de víctima”. Todos los abusadores, indica Real, tienen la sensación de poseer la verdad y creen que se están defendiendo (o, en el caso de los activistas a favor de los derechos de los animales, que están defendiendo a otros) cuando exhiben comportamientos abusivos. Un maltratador, por ejemplo, casi siempre afirma haber golpeado a su pareja porque esta hizo algo para hacerle daño: “Sabe que no soporto que se queje del modo en que trato a los niños, pero no fue capaz de mantener la boca cerrada”. En la mente del abusador, su pareja cruzó una línea: una línea subjetiva que él había trazado y que él decidió que marcaría la frontera de la violencia justificable hacia ella.

En el paradigma moral “el poder otorga la razón”, el abuso no es tal si el comportamiento surge de un agravio moral válido. Y por supuesto, la persona que decide si el agravio es válido es quien ejercita dicho comportamiento. Consideremos por un momento los ataques terroristas del 11-S o los numerosos tiroteos que se producen en los colegios norteamericanos, acciones violentas cometidas en el nombre de la rectitud moral. Aunque tales ejemplos son obviamente mucho más violentos que un vegano poniendo en evidencia a otro vegano (o no vegano) en público, la mentalidad subyacente es similar y la diferencia reside sencillamente en una cuestión de grado.


Poner en evidencia a los veganos es la peor estrategia

La mayoría de la gente estaría de acuerdo en que practicar la integridad imposibilita el menosprecio. La integridad es la conjugación de valores (como la compasión y la justicia) y prácticas, y cuando ponemos a los demás en evidencia estamos transgrediendo dichos valores. Así que poner en evidencia a los demás —ya sean veganos o no veganos— es sencillamente poco ético.

“La práctica del menosprecio entre los veganos es inherentemente la peor estrategia posible”

Pero incluso si nos importan poco las consecuencias éticas de poner en evidencia a los demás, dicho comportamiento también conlleva consecuencias prácticas. La práctica del menosprecio entre los veganos es inherentemente la peor estrategia posible: aleja a los no veganos cuyo apoyo necesitamos si queremos que nuestro movimiento tenga éxito, socava la credibilidad de los veganos y provoca una tremenda pérdida de tiempo y energía que podrían dedicarse en su lugar a fomentar un activismo vegano efectivo.

Cuando ponemos en evidencia a otro, aumentamos la probabilidad de que se retire o nos ataque como método de autodefensa. Es posible que las personas menospreciadas nos consigan actuar eficazmente en su nombre o en nombre de otros porque no sienten que tengan el poder de provocar un cambio. Tomemos por ejemplo el caso de una joven que es testigo de los horrores de la ganadería intensiva y desea dejar de comer animales, pero en cambio no es capaz de soportar la presión de su entorno para ajustarse a la norma del carnismo cuando los demás la tildan de “radical”. En ocasiones, las personas menospreciadas deciden atacar en lugar de retirarse, de modo que ponen en evidencia a otros para recomponerse (temporalmente). Tomemos ahora el ejemplo de un niño que se cae y se descarna la rodilla en el parque, empieza a llorar, e inmediatamente sus amigos le llaman “nena” (por desgracia, llamar “niña” a un niño se encuentra entre las peores ofensas). Se pone en pie, saca pecho como diciendo “ya veréis”, y trata de amedrentar y poner en evidencia a los demás.

Los psicólogos saben hace tiempo que los comportamientos de menosprecio hacia los demás son inherentemente abusivos, y que poner en evidencia a otros es la mejor forma de conseguir justo lo contrario de lo que deseamos (a menos que seamos un líder de culto, el guarda de un preso político, o que de alguna otra forma deseemos despojar de voluntad y “desmoronar” al otro).

Porque el menosprecio es personal y socialmente debilitante, es la emoción que la cultura dominante imbuye en quienes cuestionan sus prácticas opresivas, silenciando eficazmente las voces disidentes (¿cuántas veces nos hemos mordido la lengua los veganos por miedo a que nos tildaran de “excesivamente sensibles”, “extremistas”, “irracionales” o “moralmente equivocados”?). Los veganos conocemos perfectamente esta sensación: debemos luchar contra ella cada día conforme luchamos contra la corriente de la cultura dominante.


Menosprecio hacia los veganos en la cultura dominante: o demasiado visibles o totalmente invisibles

Con frecuencia, el menosprecio a los veganos en la cultura dominante se expresa de dos formas: los veganos son o demasiado visibles o totalmente invisibles. Cuando somos demasiado visibles, nuestra actitud y nuestro comportamiento se miran con lupa una y otra vez, dejándonos poco margen para ser los humanos con fallos que en realidad somos y provocando que adoptemos una especie de “perfeccionismo tóxico”. Cuando somos invisibles, nuestros esfuerzos se deniegan, se invalidan o se ensombrecen de algún otro modo. Cuando los veganos se menosprecian entre sí, refuerzan estas actitudes tan extremadamente dañinas.

Veganos demasiado visibles: perfeccionismo tóxico

A menudo la cultura dominante exige a los veganos que mantengan unos estándares imposibles. Se espera de nosotros que seamos la quintaesencia de la virtud (si vestimos con seda somos unos hipócritas, si no, unos extremistas), modelos de salud (si caemos enfermos se cuestiona toda nuestra ideología), y expertos en todo (no se nos permite defender el veganismo a menos que tengamos todas las respuestas al problema del carnismo, cosa que, por supuesto, es imposible).

“Cuando otros veganos refuerzan el perfeccionismo tóxico, los resultados pueden ser devastadores”

Además, muchos veganos están profundamente sensibilizados con la idea de poder causar daño, ser inmorales o no ser “suficientemente buenos”, por lo que han interiorizado el mensaje de la cultura dominante que les obliga a ser perfectos para poder ser respetados. Se esfuerzan en aceptar que sus esfuerzos son suficientes, pero con frecuencia sin éxito. De modo que no debe sorprendernos que el perfeccionismo tóxico sea una causa común de depresión y agotamiento entre los veganos. Cuando otros veganos refuerzan el perfeccionismo tóxico, los resultados pueden ser devastadores. Un ejemplo muy común es insistir en que, incluso si se ingieren trazas de productos animales, como vino “no vegano” o queso de soja que contiene caseína, no se es un “vegano auténtico” y, por extensión, uno se convierte en un explotador de animales. Esta actitud sin duda intimida enormemente a muchos veganos recientes y veganos potenciales.

El perfeccionismo tóxico también provoca que reduzcamos al individuo al que estamos juzgando únicamente a los comportamientos “vergonzosos” por los que le estamos juzgando. No apreciamos al otro como un individuo completo, sino que eliminamos todas las partes de su activismo y su vida que contradicen nuestro juicio. Por ejemplo, una campaña controvertida llevada a cabo por una organización que ha hecho un tremendo bien a los animales puede hacer que se critique a dicha organización, llamándola “vendida” o acusándola de colaborar con el opresor. Aun cuando los números no cuadran —cuando el individuo o la organización han hecho estadísticamente mucho más “bien” que “daño” potencial—, el perfeccionismo tóxico nos lleva a invalidar mentalmente dichos datos.

“La gente que teme cometer errores es con frecuencia la que acaba no haciendo nada”

Cuando los veganos fomentan el perfeccionismo tóxico, pueden provocar un miedo excesivo en otros veganos (y en sí mismos) a cometer errores. Un pequeño desliz, admitir solo una vez que no se es suficientemente “puro”, puede provocar que otros te pongan en evidencia. La gente que teme cometer errores es con frecuencia la que acaba no haciendo nada.

 

Veganos invisibles: ingratitud

Nuestro trabajo es muy desagradecido. Como activistas veganos, muchas veces trabajamos sin descanso, sin cobrar o cobrando muchísimo menos de lo que ganaríamos de otro modo, y lo hacemos por el sencillo motivo de que nos importan los animales. Los animales no pueden darnos las gracias, y nunca lo harán. Nuestro esfuerzo es con frecuencia invisible, ridiculizado o incluso combatido por la cultura dominante, y a veces incluso por aquellas personas con las que tenemos una relación más íntima.

De modo que, cuando nuestros compañeros activistas, las únicas personas del mundo que entienden lo que significa ser vegano en un mundo consumidor de animales, nos hacen lo mismo que la cultura dominante —llamándonos hipócritas, ridiculizándonos y atacándonos— podemos llegar a desmoralizarnos. Está claro que cuando nos atacan nos sentimos agredidos. Pero quizá un sentimiento incluso más insidioso sea el de sentirse profundamente poco apreciado. El deseo de sentirse apreciado no es egoísta ni egocéntrico. Es una necesidad humana básica que, cuando no se satisface, mina nuestra motivación y nuestra inspiración. Si tienes alguna duda, solo piensa en cómo te sientes cuando tu pareja no agradece que hayas sido tú el único o la única que ha limpiado la casa desde que os mudasteis a vivir juntos.


Del menosprecio a la potenciación

Sería muy trágico que los veganos estuvieran de acuerdo en todo. Nuestra belleza y nuestra fuerza radican en nuestra diversidad. Sin embargo, sí es importante el modo en que estamos en desacuerdo. Es extremadamente importante. Cuando nos reunimos para dialogar (no para discutir) sobre nuestras ideas diferentes, podemos enriquecernos a nosotros mismos y a nuestro movimiento. En tales situaciones, enfocamos nuestros desacuerdos con curiosidad y compasión. Estamos abiertos a aprender de los demás, e incluso cuando estamos firmemente convencidos de una idea, no menospreciamos o atacamos al otro. Nos dotamos de poder a nosotros y a nuestro movimiento. La potenciación es lo opuesto al menosprecio.

Comunicar con empatía

Podemos reducir la probabilidad de que pongamos en evidencia al otro si, antes de comunicarnos, nos paramos a pensar si estamos en ese momento conectados con nuestra empatía, si estamos considerando realmente cómo es el mundo a través de los ojos del otro, cómo le harán sentir nuestras palabras o acciones. Debemos preguntarnos “¿cómo me sentiría y cómo reaccionaría yo si alguien me dijera esto?”. Estas preguntas son especialmente importantes si estamos enfadados o si nos creemos moralmente justos, y/o si el otro es un líder u organización, en cuyo caso es más fácil verlos meramente como un símbolo en lugar de como un ser humano o una institución formada por seres humanos. A menudo olvidamos que bajo el papel de director general, autor, orador, etc. existe una persona con sentimientos, deseos y necesidades. Una persona a la que afectarán nuestras palabras. Y olvidamos que nuestras organizaciones están compuestas de activistas, que son personas que se preocupan mucho por la causa y por la repercusión de su trabajo.

“Hay una cosa segura: poner en evidencia o intimidar a otros veganos no ayuda a los animales, porque mina la moral, despoja de poder a los activistas y debilita a todo el movimiento. Si deseas hacer lo mejor para los animales, deja de poner en evidencia a los demás”

Y antes de comunicarnos, también podemos preguntarnos, “¿cuál es el objetivo de mi comunicación? ¿Qué repercusión espero que tenga esta comunicación en los animales?” Muchos de los veganos que ponen en evidencia a otros veganos lo hacen desde la preocupación más genuina, creyendo que el método empleado por el otro para reducir el sufrimiento animal realmente perjudica a los animales. Algunas estrategias son sin duda mejores que otras, y sin datos sólidos (datos que, en lo referente a estrategias globales para la liberación animal, sencillamente no tenemos) es difícil si no imposible saber qué enfoque es más efectivo. De modo que debemos continuar hablando, dialogando, analizando y aprendiendo. Pero hay una cosa segura: poner en evidencia o intimidar a otros veganos no ayuda a los animales, porque mina la moral, despoja de poder a los activistas y debilita a todo el movimiento. Si deseas hacer lo mejor para los animales, deja de poner en evidencia a los demás.

Crear zonas libres de menosprecio

La forma más importante en que podemos crear una cultura libre de menosprecio es hacer todo lo que esté a nuestro alcance para eliminar la plataforma de quienes menosprecian. Las personas que ponen en evidencia a los demás no tendrían tanto impacto si no tuvieran quien les escuche.

Espero que los veganos elijan aliarse para crear un movimiento más compasivo y, por tanto, más poderoso. Espero que se comprometan a crear una cultura libre de menosprecio (hacia los veganos y los no veganos por igual). Para lograrlo, podemos crear zonas libres de menosprecio siempre que podamos: en nuestras conversaciones y organizaciones, en nuestras conferencias y encuentros y, quizá lo más importante, en nuestras páginas de redes sociales, ya que las redes sociales con frecuencia son la fuente más importante de menosprecio generalizado.

“Lo único necesario para el triunfo del mal es que la gente buena no haga nada” Edmund Burke

En lugar de estigmatizar y señalar a quienes ponen en evidencia a los demás, que reforzaría la mentalidad reactiva de la cultura de la estigmatización, sugiero que pidamos compasión, que asumamos un papel activo a la hora de asegurarnos de que no ignoramos o dejamos pasar los comentarios menospreciativos. Podemos realizar una declaración en nuestras páginas de las redes sociales asegurando que estamos comprometidos a comunicarnos sin menosprecio, y entonces, sin acritud, si alguien comparte un comentario hostil o denigrante, podemos pedirle que comparta sus preocupaciones de una forma más compasiva y, si no lo hacen, podemos borrar su comentario. También podemos hablar con los organizadores de nuestras conferencias y encuentros o con los líderes de nuestra organización cuando percibamos que se tolera o fomenta un comportamiento de menosprecio. Lo más importante es que no nos quedemos de brazos cruzados cuando vemos que se hace daño a alguien. Tal y como afirmó Edmund Burke con tanto acierto, “lo único necesario para el triunfo del mal es que la gente buena no haga nada”.

La mayoría de veganos son individuos muy conscientes y compasivos que están profundamente comprometidos con la integridad personal y la transformación social. Es probable que nuestro movimiento haya llegado a un punto en el que el menosprecio es un problema en parte debido a que hemos aceptado el mito “el poder moral otorga la razón” sin cuestionarlo siquiera, y en gran medida porque aquellos de nosotros que no ponemos en evidencia a los demás no hemos prestado demasiada atención a este fenómeno. Así que nos hemos convertido involuntariamente en observadores, permitiendo que se extendiera el problema simplemente no prestándole atención.

El menosprecio es perjudicial para nuestro movimiento. Como veganos, no podemos permitirnos el lujo del olvido, no podemos permitirnos pasar por alto las afirmaciones hostiles o ignorar los comentarios denigrantes. Debemos hacer lo que se nos da mejor: actuar como consumidores críticos y animar a los demás a hacer lo mismo. Debemos examinar no solo aquello que metemos en nuestro cuerpo o usamos para cubrirlo, sino también lo que introducimos en nuestros corazones y nuestras mentes, y fomentar la compasión en lugar de la crueldad.

*Por supuesto, los diferentes enfoques ideológicos pueden suscitar preguntas legítimas en ambas partes. Sin embargo, el objetivo de este artículo es centrarnos en el modo en que realizamos dichas preguntas, no en las preguntas en sí.

http://www.igualdadanimal.org/noticias/7316/poner-en-evidencia-los-veganos-perjudica-los-animales.

Podrías ser vegano si… ?

Punto de verificación: Nos gustaría que todo el mundo fuera vegano, pero la realidad es que solo una minúscula parte de la población lo es en realidad.

No sirve de mucho quejarse de esta situación, o llamar a todos los que no son veganos que son egoístas, indiferentes o hipócritas.

Para ver que podemos hacer que sea más útil, fíjese en las figuras de abajo. El gráfico de tarta de la izquierda representa el pequeño número de personas que está dispuesta a hacer el relativamente gran esfuerzo implícito en ser vegano. Ese esfuerzo se representa en la pendiente del gráfico de la derecha.


Lo que intentan muchos veganos y activistas por los derechos de los animales es incrementar la porción de la tarta incrementando la motivación, para que así mucha más gente quieran hacer (y hagan) el esfuerzo necesario de convertirse en veganos


Ello en sí mismo no es suficiente para conseguir un mundo vegano. Yo soy optimista, y creo que la mayoría de la gente, en sus corazones, tienen cuidado con los animales y no quieren dañarlos. La cosa es que no les importa lo suficiente para estar dispuestos a lidiar con los inconvenientes (o lo que ven como inconvenientes) del cambio.

Para incrementar la motivación de la gente, necesitamos además … Correcto: tenemos que trabajar para suavizar la curva del cambio.

Para suavizar la curva, necesitamos crear un entorno que ofrezca muchas alternativas veganas, en la que la producción de productos derivados de los animales sea progresivamente más costosa, y la que la gente requiera hacer menos esfuerzo, y que por tanto necesite cada vez menos y menos motivación. Cuanto más suave sea la pendiente, cuanto más vegano sea el entorno, más gente será vegana.

Algunos solo se convertirán si la curva tiene la siguiente forma:

Y algunos rezagados necesitarán algo como:


Muchos veganos ven triste y deprimente que necesitemos poner las cosas más fáciles para que la gente haga las cosas que moralmente se deben hacer. Puedo simpatizar con ese sentimiento, pero debe considerar que en su momento, también nosotros necesitamos una cierta disponibilidad de alternativas veganas, y no fue suficiente nuestra motivación, sin alternativas no habríamos podido ser veganos. Puede pensar que únicamente necesitaba escuchar la información correcta o tener los pensamientos correctos, pero no es cierto, lo que sucede es que nos convertimos en veganos cuando tenemos la motivación suficiente para subir la pendiente. Algunas personas la subieron cuando la pendiente era más acusada que ahora (digamos en la década de 1970)

Cada uno de nosotros necesita una cierta pendiente, muy pocos o ninguno podría subir una como la que sigue:


Y ya no digamos esta

Todo es relativo, debe sentirse contento por el momento en que se convirtió. Pero también debe pensar que muchos lo hicieron antes que usted y no todos lo harán hoy.

Trabajemos en la motivación, y hagamos las cosas más fáciles.

Te gustaría presionar un botón para extinguir a toda la humanidad?

Cuidado: esta publicación contiene ideas que algunas personas tal vez encuentren insoportablemente optimistas, así como algunas grandes ideas a largo plazo que otros quizás encuentren ridículas. Por favor, abre tu mente antes de leer a continuación.

Frecuentemente oigo a gente contemplando la idea de hacer desaparecer a la humanidad del universo porque, como especie, estamos causando un montón de sufrimiento, a nosotros y a otros seres sintientes y al planeta. Un experimento mental es el siguiente: si pudieses hacer desaparecer a la humanidad de manera indolora pulsando un botón, ¿lo pulsarías? O, replanteando un poco el experimento para poder hacer así una abstracción de tu propia responsabilidad: ¿evitarías que otro lo pulsase?

En el movimiento vegano/por los derechos de los animales, parece que hay más personas a favor de la extinción humana que entre la población general (solo mi experiencia anecdótica). No es difícil de entender. La gente se hace activista por los derechos de los animales y/o vegana porque se ha enterado del horrible sufrimiento que los humanos infligen a los animales, para alimento, ropa, investigación o entretenimiento. Es tentador pensar que el planeta sería un lugar mejor sin el Homo sapiens, y, dado que en nuestro experimento mental ningún humano sufriría realmente (solo es una cuestión de un instante, y ningún humano quedaría para condenar la nueva situación), podríamos decir: ¿dónde está el daño?

Ahora, desde el punto de vista de la notoriamente complicada ética poblacional, hay un montón de cosas que decir aquí. Aparte de las consecuencias para las otras especies y el medio ambiente, podríamos hablar de si el universo en general sería un sitio peor o mejor al irse los humanos. Si hay, en promedio, más valor que disvalor en las vidas humanas, parecería que el resultado neto sería negativo. Pero si hay más miseria que felicidad, esto podría ser bueno. Podríamos pensar también en el valor del nacimiento de las personas futuras. Obviamente no nacerán si dejamos que la humanidad se extinga. No me adentraré en este campo de minas, porque no tengo opiniones sólidas acerca de estas cuestiones, porque parece que no puedo entenderlas bien, y sobre todo porque aquí yo quiero tocar otros factores.

Aquí están las razones por las que yo no pulsaría el botón.

1 Los humanos provocan muchos daños, pero también son maravillosos.

Todos conocemos los horrores que causamos en el mundo: a otra gente y anualmente a 65 billones de animales de granja (excluyendo a los peces). Nos cargamos nuestro entorno y utilizamos un montón de recursos naturales finitos. No hay necesidad de escribir una lista larga y deprimente aquí. De todos modos, también podemos enfocarnos en todo el bien que hacemos. Nunca en la historia de nuestro planeta – o, hasta donde nosotros sabemos, el universo – ha habido una especie que invierta tanto tiempo en mejorar las cosas para otros. Mira a los millones de personas activas en el sector sin ánimo de lucro. Mira a aquellos que tratan de ayudar a los más débiles y los más pobres. Mira todas las cosas bellas que hacemos. Viendo al Homo sapiens con estos ojos, considerarnos simplemente una ruina de especie que solo hace daño resulta algo verdaderamente problemático e injusto.

2 Los humanos todavía tienen mucho potencial que mejorar.

En muchos sentidos nuestra historia solo está empezando. Hace unos momentos solo éramos monos en árboles. Solo recientemente desarrollamos la cultura, el conocimiento y la educación. Solo hace poco – por lo menos en los países más ricos – logramos crear entornos cómodos en los que ya no necesitamos preocuparnos por alimento y refugio, por lo que podemos invertir más tiempo en otras cosas. La violencia está descendiendo y esta era es, contraintuitivamente para algunos, la era más pacífica en la historia (lee The Better Angels of Our Nature de Steven Pinker). Aún estamos expandiendo el círculo de nuestra consideración moral. Probablemente tengamos que trabajar menos en el futuro y nos entreguemos todavía más tiempo a crear cambios para nosotros y los demás. Y está la promesa (por lo menos para los tecno-optimistas) de los avances tecnológicos futuros que podrán ayudarnos a tener un enorme impacto positivo en nosotros y en el planeta.

3 Los humanos podrían ser capaces de ayudar a otras especies por el camino.

En el futuro, dados un mayor crecimiento moral y mejoras tecnológicas, en lugar de tener un impacto negativo neto sobre otras especies, nuestro impacto podría ser netamente positivo. Se puede decir que la mayor fuente de sufrimiento para los animales es la naturaleza/la condición natural. Mueren animales a billones debido al hambre, la enfermedad, el parasitismo, el clima, la depredación (mira mi publicación The extremely inconvenient truth of wild animal suffering). Quizás en el futuro podamos limitar parte de este sufrimiento. Lo mismo se aplica si, en algún punto de nuestro futuro más distante, nos topamos con vida sintiente en otros planetas. Es probable que allí haya sufrimiento, y si por aquel entonces hemos avanzado lo suficiente moral y tecnológicamente, podríamos ser capaces de ayudar. Por supuesto existe la posibilidad de que alguna otra especie en nuestro rincón del universo ya esté a ese nivel, haciendo así menos importante nuestro propio progreso. Pero claramente, en caso de que seamos los únicos “avanzados” por aquí (en esta región del universo), que sobrevivamos y mejoremos para ayudar se convierte en algo muy importante. Sería una pena si todo lo que tenemos y todo lo que somos se perdiese, y el universo necesitaría empezar de nuevo con otra especie para alcanzar nuestro nivel de desarrollo. Montones de tiempo y vidas perdidos.

Como puedes ver, estoy pensando un poco por adelantado. ¿Y por qué no? Algunos pensarán que esto es especulación y ciencia ficción que no tiene relevancia para los problemas y el sufrimiento que nos ocupan. Pero si no nos autodestruimos, tenemos que asumir que todavía vamos a estar aquí por un largo, largo tiempo. Y en ese tiempo, muchas cosas son posibles.
Estamos en camino. Aún somos niños, creciendo, mejorando. Va a llevarnos eras o milenios, pero los humanos podríamos acabar resultando ser lo mejor para el universo. No pulsemos ese botón todavía.
Traducido por Alejandra Ainara Hernando. Spanish translation first appeared here.

Los 12 habitos de los veganos altamente eficaces

En mi humilde opinión, ser un vegano altamente eficaz no es, ante todo, una cuestión de ser vegano hasta el último micro-ingrediente. Más bien, se trata de comunicarse de una manera que abra la mayor cantidad de corazones y mentes para una alimentación y forma de vivir más compasivas. Aquí está mi lista de doce hábitos para veganos altamente eficaces.

Los veganos altamente eficaces pueden ponerse en el lugar de quien están hablando. Saben que otras personas pueden ser significativamente diferentes en muchos aspectos. Pueden tener distintos intereses y motivaciones, diferentes maneras de lidiar con los cambios y desafíos. Por lo tanto…

Los veganos altamente eficaces se adaptan. Pueden adaptar su forma de hablar y sobre lo que hablan según su audiencia. No son dogmáticos en su enfoque. Saben que no tienen ninguna obligación moral de presentar el veganismo como una obligación moral.

Los veganos altamente eficaces animan cada paso que toma la gente. Saben que, por lo general, el cambio ocurre de manera gradual. Por lo tanto, los veganos altamente eficaces se centran en las cosas buenas que la gente ya está haciendo, en lugar de las cosas que no están haciendo todavía.

Los veganos altamente eficaces no se preocupan por la pureza. Saben que tanto respecto a sí mismos y a otros, centrarse en la “pureza” es improductivo. Quieren mostrar que ser veganos parezca tan accesible, fácil y atractivo como sea posible. Saben que comer de forma más compasiva no es una cuestión de blanco o negro, ni de ahora o nunca. Quieren ayudar a la gente a dar el primer paso en lugar del último.

Los veganos altamente eficaces no necesitan tener la razón. Por el contrario, se centran en lo que funciona. Es por eso que rara vez están debatiendo o discutiendo. Saben que, además de proporcionar argumentos, también pueden proporcionar información práctica, recetas, o una degustación (por ejemplo, cocinar para los demás).

Los veganos altamente eficaces saben escuchar. Saben que escuchar es esencial para una auténtica comunicación. Los veganos altamente eficaces, por tanto, también saben hacer preguntas y cuándo callar. Son amables y tienen sentido del humor. Saben que el proceso de una conversación es a menudo más importante que el contenido.

Los veganos altamente eficaces recuerdan lo que era no ser vegano (no sufren de “amnesia vegana”). Saben que en algún momento comieron productos de origen animal y que incluso pueden haber sido sordos a argumentos de derechos de los animales, aún si fueran claramente articulados. Por lo tanto, son pacientes y comprensivos.

Los veganos altamente eficaces saben que el cambio de actitud puede venir después de un cambio de comportamiento. Por lo tanto, no les importa si las personas comienzan su viaje vegano por salud o por cualquier otra razón.

Los veganos altamente eficaces son humildes. Saben que no son perfectos. Saben que otras personas pueden hacer grandes cosas, incluso si no son veganos. Y saben que no tienen todas las respuestas.

Los veganos altamente eficaces tienen fe en las personas. Saben que la mayoría de la gente quiere hacer el bien y que los animales no sufran. Los veganos altamente eficaces saben que el cambio es una cuestión de tiempo. Se dan cuenta de que algo importante que tenemos que hacer es que sea más fácil para las personas actuar y comer con compasión, proporcionando más y mejores opciones veganas.

Los veganos altamente eficaces entienden la importancia crucial de la buena comida. Aplauden el desarrollo de nuevos productos, aprenden a cocinar, y pueden inspirar a otras personas, dándoles a conocer cómo se puede comer vegano.

Los veganos altamente eficaces no juzgan. Ven el veganismo -como ser un mejor ser humano- como un viaje más que un destino, algo que nunca se acaba, y que se puede iniciar desde distintos caminos.

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Si cada vegano hiciera un nuevo vegano cada 5 años

Supongamos que cada vegano hiciera a alguien vegano en cinco años, y que esos nuevos veganos hicieran lo mismo en cinco años, tendríamos un mundo vegano al instante.

¿Alguna vez escuchaste ese argumento? Es una de esas cosas que suena bien a primera vista, pero se vuelve problemática una vez que pasas algo de tiempo pensando en ello.

A veces este argumento es usado para justificar la posición de que no necesitamos grandes organizaciones, o leyes, o grandes compañías… excepto darnos cuenta de todo el cambio que queremos sólo haciendo a los veganos hablarle a otras personas sobre derechos animales y obligaciones morales.

Pero si fuése así de simple, ¿Por qué no tenemos un mundo vegano todavía?

Algunos responderán a esta pregunta diciendo que, muy sencillamente, nunca se ha intentado.

Nos dirían que nunca hemos, consistentemente y como un movimiento, dado a quienes consumen productos animales la verdad vegana directa y el mensaje de “Hazte vegano”. En este sentido, el veganismo, para algunos, es como el comunismo: nunca se ha intentado con el esfuerzo suficiente.

Por supuesto, eso no es cierto. Seguramente, durante todo el tiempo que han existido los veganos, muchos o la mayoría (al menos los “veganos éticos”) han estado intentando convencer a otras personas de unirse al equipo vegano. Y en sus momentos fueron probablemente exitosos.

Pero todavía, sin mundo vegano. ¿Por qué no?

Contemos los números un poco. Comencemos con un número existente extremadamente bajo de veganos: uno. Sí, un vegano. Imagina que hubiése sólo un vegano, pero que ese vegano hiciera a alguien vegano en un año, y que cada uno de ellos hiciera lo mismo en un año. El mundo entero – el MUNDO entero! – sería vegano en… 38 años.

Con funciones exponenciales, todo va muy rápido. Pero eso no significa mucho. Multiplicarnos a nosotros mismos no es tan simple como parece. Si lo fuese, habría muchos grupos que ya hubiésen conquistado al mundo. Pero el hecho es que no todos hemos sido convencidos en convertirnos en testigos de Jehová o cienciólogos.

Tal vez creemos que el veganismo es distinto porque nuestro argumento tiene más sentido, y ¿Potencialmente más gente lo compraría en comparación a quienes comprarían cualquier idea dogmática religiosa? Tal vez, algún día. Por ahora no ha funcionado aún. Por ahora hay muchas más personas comprando raras ideas religiosas, por ejemplo, que nuestras ideas veganas racionales.

Un problema, por supuesto, es que no todos nosotros somos comunicadores expertos y que la manera en que hablamos sobre el veganismo no es siempre atractiva (en el peor caso desviamos a más gente de la que atraemos). Otro punto es que los veganos parecen caerse del vagón casí más rápido de lo que nos toma “hacerlos”. Por cada vegano hay tres o cuatro veces más ex-veganos. Un paso hacia adelante, dos (o tres, o cuatro) pasos hacia atrás, ¿Se entiende?

El punto que más más quiero tocar aquí, es que un acercamiento uno-a-uno, basado en argumentos morales, nunca llegará totalmente a ser exitoso. No es que no hayamos estado intentándolo. Es que no es suficiente y ni siquiera lo más importante que podamos hacer.

Entonces el argumento de “imagina que cada vegano hiciera un nuevo vegano” no es un argumento que justificaría solo enfocarnos en el activismo uno-a-uno y de base, y como algunos lo dirían. Necesitamos mucho más que eso. Necesitamos presión social y desarrollo de productos. Necesitamos leyes. Necesitamos cadenas de supermercados y restaurantes para trabajar con nosotros. Necesitamos el poder de grupos grandes. Necesitamos recaudar mucho dinero. Necesitamos estar presentes en el sistema educativo. Necesitamos mujeres y hombres de influencia en todos los dominios de la sociedad, desde celebridades a líderes de negocios y políticos, quienes puedan ayudar a más gente a cambiar su comportamiento y sus mentes. Y sobre todo, necesitamos pensar sobre estrategias y psicología, para que nuestro esfuerzo de uno a uno pueda ser efectivo.

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Veganismo: Ideología vs Resultados

Como saben quienes leen mi blog, me gusta desafiar el concepto de veganismo una y otra vez. ¿Por qué? Porque:

1) Creo que todo – todo – debe ser cuestionado una y otra vez, no por el hecho de cuestionar en sí mismo, sino que porque el pensamiento crítico hace de nuestras ideas, sueños y tácticas, mejores, más nítidas y más eficaces.

2) Porque creo que hay mucho más para ayudar a los animales que solo limitarse a ser un vegano aparentemente consistente.

Obviamente, no todo el mundo aprecia este cuestionamiento del veganismo, como concepto, una práctica o una estrategia. Mucha gente cree saber exactamente qué es el veganismo, qué papel juega, cuán necesario es y quién es vegano y quién no lo es. Para esas personas, todo es muy simple: el veganismo ha sido definido algunas décadas atrás, por Donald Watson (como el evitar los productos de origen animal en la medida de lo práctico y posible). Simplemente haces lo que se dijo. No importa que esto sea una frase vaga o subjetiva. Sin importar que Watson y sus amigos de la Vegan Society diesen la bienvenida a cualquiera que estuviera de acuerdo con los objetivos, independientemente de si fuesen veganos o no.

Como he dicho anteriormente, he sido vegano por 17 años, por lo que mis críticas a los veganos y al veganismo deberían ser leídas de manera distinta de aquellas que generalmente hace alquien que come animales. Yo las hago, como he dicho, con la esperanza de que seamos más efectivos. Lo que quiero hacer aquí es tomar una breve mirada a por qué la gente es vegana, cuál es el impacto de esto y cuáles son algunos de los problemas que existen.

Cuando juzgamos la moralidad de una acción, podemos juzgarla en términos de 1) sus resultados y 2) si es correcto o no que una persona haga esa acción. Estas son dos cosas diferentes. Para verlo más claro, imaginemos que por cada persona que se hace vegana, alguien imaginario empieza a comer el doble de productos de origen animal por lo que el impacto del vegano se vuelva neutral y por tanto la acción de los veganos deja de tener–resultado–alguno (punto uno). Ser vegano por definición en este caso parece tener menos importancia o urgencia, pero la mayoría de nosotros – incluyéndome – lo seríamos de todas maneras, simplemente porque encontramos que no está bien comer animales (y puede que hayan otras razones, pero son asuntos diferentes).

La razón numero uno (los resultados) es el principal motivo para ser vegano. Creo que suficientes veganos, junto a grandes grupos de vegetarianos y un grupo mucho más grandes de reducidores, están, lentamente pero por seguro, cambiando la demanda, y así mismo la producción (estimulando el desarrollo de las buenas alternativas y así decreciendo la demanda de productos de origen animal). Por lo tanto, salvamos animales de una vida de sufrimiento (porque sin nuestra demanda, no tienen la necesidad de nacer).

Razón número dos. La aparente moralidad de un acto, es importante para mí, pero es secundario. Si uno está de acuerdo con que el consumo de animales está mal, pareciera que es algo que es siempre incorrecto de hacer, independientemente de las circunstancias y consecuencias. Pero no es difícil imaginar situaciones en las que si comemos algo de origen animal, no hacemos diferencia alguna en cuanto a resultados. Cuando se nos ofrece algo (es decir, cuando no compramos intencionalmente un pedazo de carne, o un chocolate no vegano por ejemplo) nuestra negativa a comer ese producto no tendrá ningún impacto en la demanda en sí. Por supuesto que con nuestro comportamiento podemos mostrar que no comemos productos animales, algo que se trata de crear conciencia. Pero digamos que no existe tal factor de sensibilización en cuestión. Digamos que hay algún trozo de carne sobrante en algún lugar, y nadie puede ver si lo comes o no. ¿Cuál es exactamente el problema con comerlo? No hay impacto en nadie, y ningún impacto en la demanda. Es un pedazo de carne que se desecha. Los alimentos desechados por los supermercados serían un ejemplo de ello.

No estoy diciendo que esté perfectamente bien comer productos de origen animal tirados, pero si no lo es, no siempre será por cuestiones de resultados. En el caso anterior si somos consistentes o no es neutral en términos de resultados. Yo por ejemplo puedo imaginar circunstancias en las que ser consistente tiene como consecuencia efectos negativos netos. He planteado previamente el experimento mental en que se te ofrece comer un bistec a cambio de 100.000 dólares considerando que podrías ayudar a una gran cantidad de animales con ese dinero. La gente que diría que no a este dinero, le está dando mucha importancia al número dos más que al número uno, los resultados en cuanto ayudar animales.

Por supuesto podemos no hacer estos experimentos y odiarlos, pero si los tomamos en serio, como deberíamos, podemos ver que la consistencia dogmática no entrega automáticamente mejores resultados para los animales.

Al parecer – juzgando por algunas de las críticas que obtengo por estas publicaciones – es necesario señalar que no estoy diciéndole a los veganos que hagan excepciones sin ninguna razón. Si muchos veganos no quieren hacer ninguna excepción bajo ninguna circunstancia, ¿quién soy yo para quejarme por ello? Tal vez su comportamiento bajo principios 100% coherentes tiene algún beneficio o consecuencia positiva también. Simplemente no es el enfoque que yo elegiría. Sin embargo, sería bueno que por el contrario cuando alguien decida hacer estas consideraciones pragmáticas para el beneficio de los animales, no sea acusado de todo tipo de cosas (como de no ser vegano o hasta de ser anti-vegano, aunque solo hablemos de tolerar subproductos o ingredientes mínimos y no sobre tomar pequeños bocados de carne o una rebanada de queso de vaca). Más al respecto en “Cómo no ser un vegano odioso“

No estoy atacando a las personas que quieren ser totalmente consistentes y “puras” (la mayoría de las personas me describirían consistente y puro, por cierto). Lo que estoy diciendo es que a veces, en algunas situaciones, vale la pena considerar la alternativa a ser totalmente inflexible. O más bien, se puede considerar ser consistente con el objetivo del veganismo (reducir el sufrimiento y perjuicio hacia los animales) en lugar de serlo con la definición de veganismo.

Todo esto puede parecer trivial y sin importancia, pero no lo es. De lo que estamos hablando – y de lo cual escribiremos más en el futuro – es sobre la diferencia entre la ideología y el impacto concreto. Con demasiada frecuencia, seguimos una ideología por el bien de la ideología, sin prestar atención al efecto real de seguir esa ideología. Sin embargo, a veces ignoramos que en definitiva, es a los resultados a lo que apuntamos. O por lo menos, es a lo que yo voy.

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El Crecimiento de los negocios sigilosamente veganos

A los veganos nos encanta publicitar la propia palabra vegano. Nos gustaría verla en productos y menús de los restaurantes. Esto no sólo nos facilita la tarea de encontrar los productos que podemos comer, sino que incrementa la conciencia sobre el veganismo en general. Sin embargo, sin la etiqueta vegano, se venderían más productos veganos?

La primera vez que oí algo al respecto fue hace años, en un supermercado de alimentos integrales de algún sitio en California. Se suponía que tenían una tarta vegana, pero no la encontré y pregunté a la persona que atendía tras el mostrador. Me enseño la tarta en cuestión, y me comentó que ya no la etiquetaban como vegana. De hecho, me dijo que desde que lo hacían de esta forma, habían vendido el triple de tartas.

Más recientemente, he estado en muchos sitios que denomino “sigilosamente veganos”, ya que informan sutilmente del hecho de ser veganos, o incluso no lo comunican. Os daré algunos ejemplos que me han ocurrido recientemente.

En Melbourne (y creo que en otras ciudades de Australia) existe una cadena de alimentación cuyo nombre podría traducirse como “El señor de los fritos” (Lord of the Fries). Es como cualquiere otro establecimiento de comida rápida, con las habituales hamburguesas y batidos, pero es vegetariano y vegano. Ellos lo comunican, pero no lo publicitan explícitamente, y la mayoría de los clientes no son ni vegetarianos ni veganos: simplemente desconocen que no están comiendo carne. Algunos únicamente lo averiguan después de varios meses de ir habitualmente.

The menu at Lord of the Fries, Melbourne, Australia
El menú de Lord of Fries en Melbourne, Australia

Otro ejemplo es la pequeña cadena de heladerías “Gela” en Israel. El lugar en el que estuve tenía una pequeña etiqueta el mostrador, proporcionada por una organización sin ánimo de lucro, con el texto “amigos de lo vegano” escrita en hebreo. Les pregunté si tenían alguna otra forma de informar a los potenciales clientes de este hecho, y me contestó que no, y que de hecho mucha gente desconocía que estaban en un establecimiento vegano.

Gela in Israel only has a vegan friendly sticker, but everything is vegan.
“Gela” en Israel sólo tiene una pegatina ‘amigos de lo vegano’, pero todo es vegano

Otro ejemplo es Ronald’s Donuts, en las Vegas. Nada en la tienda indica que exista algo vegano en el interior, si quieres saber si un donut es vegano o no debes preguntar por ello.

Porqué estos y muchos otros sitios se comportan tan modestamente ante el hecho de ser completamente veganos o vegetarianos? Obviamente no es vergüenza por usar el término vegano. Simplemente es porque saben que actualmente, la gente rehuye las etiquetas, no se sienten atraídos por ellas. La etiqueta “vegano” no añade valor, más bien se lo quita. Para darse cuenta de este hecho, piense en su posible reacción en un restaurante libre de gluten, es probable que no se entere de que está comiendo productos sin gluten si no se le comunica, y le parecerá un restaurante como otro, de otra forma puede que no llegue a entrar, ya que pensará que la comida es diferente o que le falta algo (sabor, tal vez?). No importa como sepa la comida en realidad, el prejuicio está allí.

Se podría pensar que están perdiendo clientes potenciales, un vegano podría pasar por la puerta y no entrar, verdad? Y sí, están perdiendo clientes por una parte pero ganando probablemente muchos más por otra. Los veganos van a encontrar lugares sin carne de todas formas, no es necesario poner la palabra VEGANO en grande en el escaparate.

Esto cambiará en la medida que crece la apreciación de la población en general sobre las cosas veganas. Y una forma de acelerar el proceso es dejar que consuman productos veganos sin saberlo. Si se enteran con posterioridad y les ha gustado, todo será más fácil.

Y el hecho que no se enteren nunca, cosa probable en estos negocios “sutilmente veganos”, da fe de las alternativas increíbles que existen para tantas cosas, que pueden llegar a engañar gratamente a las personas. Eso es progreso!

No podemos alienar a la gente para que se una a nuestro equipo

Donald Trump, un hombre en el que yo veía como el personaje malvado de un cómic, se ha convertido, (citando a Sam Harris), en el payaso más poderoso del mundo. Este hecho no es bueno, es más, probablemente sea terrible. Aparte de las decisiones domésticas y la política exterior que el nuevo presidente pueda tomar, parece que va a permitir una mayor laxitud en contra de toda clase de minorías.

Para contrarrestar esto, mucha gente en el lado progresista/izquierdista/liberal (en adelante la izquierda), por
razones comprensibles, se mantienen en sus trece, y sienten, más que nunca la necesidad de replicar ante cualquier
hecho ofensivo. La premisa es, tolerancia cero ante manifestaciones de racismo, sexismo y otros fanatismos con el fin de
erradicarlos.

(Si sabe quien es el autor de este dibujo, hágamelo saber para que lo signifique)

La cuestión es si es esta la mejor estrategia para conseguir un mundo más tolerante, y crear una sociedad global de
personas decentes. No digo que no se deba desafiar la injusticia, sino que puede que avergonzar u ofender a los demás no sea la mejor opción.

El paralelismo con la causa vegana es claro, en el movimiento vegano, una de las opciones a las que nos enfrentamos es la dicotomía entre el enfoque tolerante y el más confrontacional.

En el enfoque tolerante se intenta entender la perspectiva del otro, su punto de vista, sin acusaciones ni afrentas. para sus detractores este enfoque es demasiado suave.

En la otra parte, el enfoque confrontacional, se enfrenta al contrario, y se deja claro que no hay otra opción (o de los nuestros o de ninguno). Esta forma de encarar el problema es visto por algunos como demasiado agresivo y condenatorio.

Estas dos descripciones son imperfectas, como lo son los términos “tolerante” y “confrontacional”, y la dicotomía en sí, pero no seamos demasiado exigentes, por el bien del argumento.

Obviamente la lucha contra el racismo ha avanzado mucho más en la sociedad que la lucha contra el maltrato animal. Aunque aún existe, la tolerancia de razas esta intrínsecamente mucho más desarrollada en la sociedad que el respeto a otras especies.

Creo que cuanto más apoyo tiene una cuestión de carácter social, más confrontación puede causar. Esto implica que podemos ser más conflictivos en nuestra lucha antirracista que en la lucha por la respeto a otras especies.

Sin embargo, dudo que la opinión que refleja el autor de http://www.vox.com/identities/2016/11/15/13595508/racism-trump-research-study sea la mejor estrategia a seguir. Alguno de los argumentos de la estrategia agresiva son: que no hay excusas; no podemos consentir ese comportamiento; que hay que aislarlos para no dar voz a sus pensamientos; …

Si yo mismo como persona progresista experimento en las manifestaciones sobre racismo, sexismo y otros fanatismos, una retórica irritante, santificadora y acusadora, cuanto más negativa será esta percepción para gente menos educada?
¿Cuál será la reacción de las personas que fueron alimentadas con ideas racistas y sexistas y que no fueron educadas para convertirse en ciudadanos de mente abierta? No parece que esta concepción vaya a ningún sitio.

Creo más bien en un enfoque en el que se trate de comprender las necesidades, los deseos, miedos y fobias del otro. Debemos ser claros acerca de la injusticia, los riesgos, los sufrimientos, y ser extremadamente conscientes de hacia donde pueden llevar Trump y otras involuciones en la sociedad. Pero aún ante lo intolerablemente intolerante, tal vez deberíamos considerar tener un poco de comprensión. A la vista de lo inexcusable, tal vez tendríamos que tratar de determinar las razones que la gente puede tener para pensar en esas maneras tan inexcusables.

Puede que algún día crea en la maldad de las personas. Por ahora prefiero creer que no están suficientemente educadas, o que tienen una opinión distinta a la mía. Por ahora elijo creer que la comprensión mutua es la mejor receta para cambiar el mundo.

Se trata de crear grandes alternativas

En el año 1986 la comisión internacional ballenera declaró una moratoria a la caza comercial de ballenas, que actualmente está prohibida en la práctica totalidad de países. Este hecho está motivado en gran parte por el gradual descenso de la importancia de esta que se viene produciendo desde finales del siglo XIX.

Las ballenas y en especial los cachalotes, solían ser una importante fuente de energía. El aceite de ballena se usaba especialmente como combustible para las lámparas, pero también para calefacción, manufactura de jabones y otros productos, lo que provocaba la caza indiscriminada de ballenas.

El aceite de ballena se utilizó como fuente de energía hasta la invención del queroseno.

Todo esto empezó a cambiar en 1849, cuando Abraham Gesner, un médico y geólogo Canadiense, desarrolló el queroseno, una mezcla de hidrocarburos que se obtiene de la destilación del petróleo natural.

A medida que las destiladoras de petróleo fueron apareciendo, la comercialización del queroseno provocó el hundimiento de la demanda de aceite de ballena. Otros subproductos generados por la caza de ballenas siguieron utilizándose para la fabricación de ropa, pero el negocio de matar ballenas dejó de ser interesante.

Por lo que se sabe, Abraham Gesner no tenía aparentemente juicios morales a favor o en contra de la caza de ballenas, ni intención de acabar con esta práctica, pero fue determinante para su fin tal como se conocía hasta ese momento. El último ballenero estaunidense salió por última vez en 1924.

El hecho que el aceite de ballena dejase de ser rentable como fuente de energía hizo mucho más sencillo instaurar la prohibición de la caza de ballenas a nivel internacional, hecho que se produjo en 1986. La extinción de facto de esta práctica en los países restantes se producirá también a causa de la creación de alternativas más atractivas que por el triunfo de argumentos morales.

Abogar por razones morales tiene su importancia pero no es suficiente. Alternativas al consumo de carne, como la carne limpia, serán tan importantes para acabar con la agricultura animal como lo fue el queroseno para la caza con fines comerciales de las ballenas.